Ya se vota, pronto sabremos quién será el conductor de los próximos cuatro años. Lo que no se sabe con exactitud, es el nombre y apellido del agraciado por los votos. Por presunción y labor de encuestas, el próximo ejecutivo será Daniel Scioli.
También se sabe que Cristina Fernández el 10 de diciembre deja la residencia presidencial de Olivos. También conocemos que no será legisladora pero la conducción será su herramienta que permitirá el nexo con su gente.
El proyecto nacional y popular se estaciona en el 11 de diciembre. A partir de allí, otra alternativa conducirá los destinos de la Nación. ¿Y cuál es la alternativa a un pensamiento nacional? Más pensamiento nacional.
Hace poco le preguntaron a un quejoso cubano qué esperaba del gobierno. ¿La opción es el capitalismo?, se le interrogó. “Jamás” contestó el centroamericano, “lo que precisa Cuba es más socialismo”.
Igual que Argentina. Nuestro país no precisa del liberalismo sino nacionalismo.
“El nacionalismo sólo es posible con una política antimperialista consecuente”, dijo alguna vez John William Cooke.
Y esa es la única defensa que tienen los gobiernos latinoamericanos para que el poder real no haga trizas la ilusión, la fantasía y el encanto de una sociedad en continuo progreso.
Cooke también agregó que: “en país colonial las oligarquías son las dueñas de los diccionarios”. Y esto pasó hasta la llegada del matrimonio patagónico y cuesta creer que Scioli retroceda a un país que se viene desarrollando en tiempo y forma.
La palabra nacional, en todo su contexto, es la clave. Una economía proteccionista, un empresariado nativo, una cultura similar e intelectuales que sepan interpretar este aspecto de la historia.
Algunos intelectuales acompañaron el proceso K, otros no. Rodolfo Walsh decía “que el campo intelectual es por definición la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante”.
Ejemplo hubo varios en estos tiempos, quizás Beatriz Sarlo, militante comunista de antaño no supo entender el momento y hoy, desde el afecto de los medios dominantes y liberales, vacía su saber en partidos satélites del poder real.
Sin desviarnos de la idea original, votemos por un pensamiento que nos represente. Similar al actual y, que en principio, sabrá encarar Daniel Scioli. Y si por esas cosas de la vida, el motonauta lo llega a olvidar, sabremos nosotros ponerlo en autos. En la idea nativa va nuestro futuro y debemos entender que estamos hablando de un concepto que el conservador olvida adrede, la patria.
Y la patria no son los bronces de antiguos próceres, la patria como expresara Esteban Echeverría “es la madre común de todos los compatriotas nuestros. Su nombre venerado simboliza la unión de todos los intereses en un solo interés, de todas las vidas en una sola vida imperecedera”.
En octubre se eligen dos modelos, en diciembre comienza otra historia. Quizás la economía del año que viene será distinta a la actual, pero lo que no puede ser diferente es una idea común, el pensamiento nacional para todos y todas.