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HISTORIAS DE TAXI

Por Gabriel Haedo

Habitualmente se dice que el taxista es un psicólogo o quizás sociólogo. Salvo que haya estudiado, no es ni uno ni otro, pero sí es el vocero de sus pasajeros. También podemos decir sin temor a equivocarnos que es el pulso callejero sobre todo en Capital Federal.

Hasta los confines del siglo XX el tachero estaba orgulloso de su profesión. Charlaba con los pasajeros, siempre opositor a gobiernos populares y exhibía con beneplácito su licencia que para muchos significaba su jubilación dado el alto valor en mercado.

En pleno siglo 21 ya licencia pasó de ser una inversión a un papel sin valor y la competencia del Uber, Didi y otras empresas además del viejo remises hicieron trizas al viejo tachero.

No obstante, el chofer del auto que nos lleva sigue teniendo importancia en sus comentarios. No hay tantos oficialistas y demasiados opositores. El problema es que esa oposición no se traslada en favoritismo a otro partido sino al desencanto, la decepción.

Estos dos términos identifican a gran parte de la sociedad. Y aquí el pensamiento del chofer tiene su valor. Recorre mesas callecitas que antes tenían un no sé qué y hoy están llenas de miserias, pobreza, marginalidad y saqueo. Ya no escucha la voz del canillita y la parada donde se reúne con sus compañeros a tomar un café cada vez tienen menos habitantes.

Ya Rolando Rivas no existe. Hoy el tachero no trabaja ocho horas, sino más aún. Son pocos lo que hacen el turno de noche, la inseguridad no les permite trabajar. Las historias que cuentan a sus nietos son de menor cuantía. Antes se enorgullecía el chofer de llevar a un diputado, o aun gremialista conocido. Hoy se frustra y debe cobrarle por adelantado. La fama no es puro cuento.

Ricardo Arjona canto una historia de taxi. El narro una historia de amor, pero fue en otro siglo. Hoy esas fantasías se pueden ver en Netflix, la realidad es otra. Hoy la historia es contar que salió a trabajar y retorno a casa vivito y coleando. Todo cambió, para mal y el gobierno tiene responsabilidad. ¿No le parece?

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