Hasta dónde puede subir la carne: los factores que presionan los precios en el mostrador
La discusión sobre hasta dónde puede subir la carne se instaló con fuerza en la agenda económica y social.

La combinación de factores productivos, comerciales y de costos terminó empujando al alza el valor del ganado con destino a la faena y, de manera inevitable, los precios al consumidor. El resultado fue un año en el que la carne vacuna volvió a perder la carrera contra la inflación y profundizó las tensiones en toda la cadena cárnica.
Durante los últimos doce meses, los precios del ganado para faena registraron subas que casi triplicaron la inflación promedio. Así lo destacó el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva). La entidad la preside Georges Breitschmitt, de Coninagro, y la componen también CRA, la Sociedad Rural, la Federación Agraria, la Federación de Industrias Frigoríficas (Fifra), la Unión de la Industria Cárnica (Unica) y el gobierno nacional, a través de la Secretaría de Agricultura.

Este comportamiento no respondió a una sola causa, sino a la convergencia de distintos elementos. Por un lado, la exportación mostró una fuerte competencia por la hacienda, convalidando valores más altos y marcando un piso de precios para el mercado interno. Por otro, la demanda doméstica, aun con ingresos deteriorados, continuó priorizando el consumo de carne vacuna por sobre otras proteínas. Sosteniendo un nivel de compra que evitó una caída más pronunciada del mercado.
A este escenario se sumó un factor clave desde el lado de la oferta. Las recrías ganaderas se extendieron más de lo habitual, lo que demoró el ingreso de animales al circuito de faena. Esta menor disponibilidad de hacienda en el mercado generó una presión adicional sobre las cotizaciones, reforzando la tendencia alcista en un contexto ya de por sí ajustado.
Una cadena sin margen para absorber aumentos
El fuerte incremento del precio del ganado dejó a los frigoríficos y a las carnicerías en una situación límite. Ambos eslabones de la cadena operan con márgenes históricamente reducidos y, en muchos casos, directamente negativos. A diferencia de otros sectores, la industria cárnica tiene una capacidad muy acotada para absorber subas de costos sin trasladarlas al precio final.
En 2025, los costos energéticos, laborales y fiscales continuaron en ascenso, afectando de lleno la estructura de la industria frigorífica. A esto se agregó la competencia desleal, un problema persistente que impacta en la rentabilidad y distorsiona el funcionamiento del mercado formal. Frente a este panorama, los intentos por contener los precios al público se volvieron cada vez más difíciles de sostener.
Durante gran parte del año, el sector absorbió una porción significativa de los aumentos del ganado para evitar un mayor deterioro del consumo. Sin embargo, esa estrategia encontró un límite claro en los últimos meses. La acumulación de costos y la brecha creciente entre el precio de la hacienda y el valor en mostrador obligaron a acelerar el traslado al consumidor.
El quiebre se produjo en diciembre. Mientras la inflación promedio del mes fue del 2,8%, la carne vacuna registró un aumento del 11%, una diferencia que refleja la magnitud del atraso acumulado. Este salto evidenció que ya no era posible seguir conteniendo los precios sin comprometer la viabilidad económica de frigoríficos y carnicerías.

Los números del año refuerzan esta lectura. En 2025, la hacienda subió cerca del 80%, mientras que la carne vacuna acumuló incrementos del 70%. Esa diferencia de alrededor de 10 puntos porcentuales representa el ajuste pendiente que el mercado todavía no terminó de trasladar. En este contexto, vuelve a emerger con fuerza la pregunta sobre hasta dónde puede subir la carne si las condiciones estructurales no muestran cambios significativos.
El aumento de diciembre no solo reflejó el traslado de costos, sino también un reacomodamiento general de precios tras varios meses de rezago. Para los consumidores, el impacto fue inmediato y profundizó la pérdida de poder adquisitivo. Especialmente en los hogares de ingresos medios y bajos, donde la carne vacuna sigue siendo un componente central de la dieta.
Exportación firme y consumo interno en tensión
La firmeza de la exportación continúa siendo uno de los principales factores que sostienen los precios del ganado. En un contexto internacional demandante, la posibilidad de colocar carne en el exterior a valores competitivos limita las chances de una baja significativa en el mercado interno. Este fenómeno genera un delicado equilibrio entre la necesidad de dólares y el acceso de los consumidores locales a un alimento básico.
Al mismo tiempo, el consumo interno muestra señales mixtas. Si bien no se produjo un derrumbe abrupto, sí se observa una mayor selectividad en la compra. Con una inclinación hacia cortes más económicos y un mayor protagonismo de proteínas alternativas. Este comportamiento podría actuar como un freno parcial a nuevas subas, aunque difícilmente alcance para revertir la tendencia si los costos continúan en alza.
En este escenario, el interrogante sobre hasta dónde puede subir la carne se proyecta también hacia 2026. La respuesta dependerá de múltiples variables, entre ellas la evolución del poder adquisitivo, la disponibilidad de hacienda, la política de costos y el desempeño del mercado externo. Mientras tanto, la brecha entre el precio del ganado y el valor final al consumidor sigue marcando el pulso del sector.
La cadena cárnica enfrenta el desafío de encontrar un punto de equilibrio en un contexto macroeconómico complejo. La necesidad de recomponer márgenes convive con un consumo debilitado y con una presión social creciente por el precio de los alimentos. En la medida en que persistan los desajustes acumulados, el mercado seguirá moviéndose en un terreno frágil.
Así, la discusión sobre hasta dónde puede subir la carne no solo resume la dinámica de un sector clave de la economía argentina, sino que también refleja las tensiones más amplias entre producción, ingresos y precios. Un debate que, lejos de cerrarse, promete seguir ocupando un lugar central en la agenda económica del próximo año.
FUENTE, MG



