En 1976 llegaron los militares para reorganizarnos. Dos años más tarde, ganamos un mundial y encima éramos derechos y humanos. En 1982 estábamos ganando pero perdimos una guerra inútil. En 1987 llegó la primavera con un plan que el verano del 89’ nos calentó con la hiperinflación. En los 90’ nos encantaron con una moneda igual a la de una potencia. Con el uno a uno empobrecimos un país pobre. En el 2001 Prat Gay aconsejó un megacanje para rebajar salarios y jubilaciones. Pero no devaluamos, eso lo dejamos a pedido de Clarín para el 2002 en medio de muertes y corralitos.
Hasta aquí todo mal pero todo bien. Siempre seguimos las recetas del FMI, o sea del Imperio, para que nos vaya bien y siempre nos fue mal. Eso sí, al mundo estábamos incorporados y nuestros presidentes eran tapas de los diarios más importantes del planeta. Hoy volvemos a estar en las primeras planas, pedimos a Venezuela que sea democrático, no se asumió pero el camino es el correcto, así por lo menos nos garantiza el FMI, Obama y Cameron. El sol ha salido nuevamente.
Atrás quedaron los oscuros años de los montoneros en el poder que sólo sirvieron para reorganizar la economía, otorgarle crecimiento a un país ubicado al sur de Bolivia y ampliar derechos. Funestos fueron esos años donde sólo aumentó el presupuesto de ciencia, cultura y asistencia social. Realmente fue la década perdida. Perdimos ya que la clase media se duplicó al igual que el parque automotor y el turismo. Lamentablemente llegamos a una jubilación y un salario que resultaron los más elevados en América Latina.
Justo es reconocer que estos montoneros nos unieron a toda América, que nos privaron de estar con el primer mundo en su peor momento. Por eso damos gracias a nuestro líder pro mercado que nuevamente nos instaló en un fracasado occidente.
Por suerte todo pasó. Nunca más plazas llenas de alegría con restos de mandarina en el piso. Basta de gente que consuma esa berretada gastronómica que resulta ser el choripán. Basta de consumo, basta de viajar y perder el tiempo con feriados que no le interesan a nadie. Ahora es el turno de trabajar, no perder el tiempo en las plazas y menos aún en los findes largos. Es la hora del ahorro. Se acabó el consumo. Volvió la gente seria, la gente como uno, que sólo nos permitirá trabajar, retardar nuestra jubilación y quedarnos en nuestras casas en verano.
Era hora de un cambio, al fin cambiamos. Por eso y por mucho más por venir, gracias Macri.