A doce días de haber asumido la presidencia de un país, con el más bajo índice de desempleo y de deuda pública en función del PBI, con dirigentes sindicales que pelean por el impuesto a las ganancias de los trabajadores dando por ciertas las paritarias libres, con cubertura plena para jubilados y una mínima que en marzo de 2016 habría de alcanzar el 82 % y tantos otros logros habidos para los que menos tienen, Mauricio MACRI mostró sus garras militaristas al desalojar por la fuerza a los trabajadores de Cresta Roja (una empresa avícola en quiebra), con camiones hidrantes, balas de goma y toda la fuerza desmedida de la gendarmería.
En muy poco tiempo se rompió el idilio electoral y todo hace prever que la reacción popular y por ende la represión irán en incremento. Hoy la vicepresidente dijo con respecto a este hecho que “el Estado ha recuperado la posibilidad de regular dos derechos que colisionan, el de la libertad de manifestar y el de la libre circulación”. En este caso se privilegió lo segundo por sobre lo primero, convirtiendo al diálogo en una falacia. Más adelante dijo: «si se vuelve a cortar una ruta, se vuelve a trabajar de la misma manera, siempre intentando hacerlo a través del diálogo, pero cuando no haya diálogo del otro lado, se actuará como se actuó hoy».
La presidencia anterior soportó marchas, huelgas, cacerolazos, agresiones, etc. y nunca, lo que se dice nunca, sacó a la calle los camiones hidrantes ni atacó con balas de goma y gases lacrimógenos. Es cierto que se vio alterada la circulación y hubo muchos tropiezos, pero en la mayoría de estos casos las protestas era contra el gobierno de ese entonces, en cambio ahora son los trabajadores los que reclaman derechos y con ellos, o sea con los desocupados de una empresa en quiebra, se debe tener una mínima tolerancia.
GARCILAZO