La plaza de la despedida de CRISTINA fue apoteótica, sólo comparable a la del 45’ por ser la fundante, o la de la asunción de CÁMPORA en 1973, por todo lo que implicaba. Es muy difícil comparar hechos y circunstancias que en sí mismos tienen particularidades exclusivas, la de ayer importaba un regreso a casa con las manos vacías, porque si bien el calor inundó nuestros pechos de amor fraterno, el mañana es un salto al vacío a un futuro incierto. Debe considerarse por lo menos que es problemático llenar una plaza para despedirse de alguien y a la vez ser feliz.
Por eso la de ayer fue una convocatoria única en su especie y espero se repita con cualquier mandatario que deje el poder. Que nadie se equivoque: Si hubo lágrimas fueron de entrañable alegría y nostalgia, sin violencia en la concurrencia, aunque con originales mensajes al próximo inquilino de la Rosada. Mucha altura y sin golpes bajos ni lugares comunes, cada frase de la presidente daba para una columna editorial de varias carillas.
“Se fue despacio, despacio, pa’ quedarse un poco más” y como diciendo “me verás volver a la ciudad de la furia”. No será para pedir perdón.
Garcilazo.