En los anales de la historia, ya se ganó un sitio de referencia mundial, el Papa Francisco, con su gira de diez días por Cuba y Estados Unidos que conmovieron a gran parte del Hemisferio occidental.
Por Margarita Pécora Barrientos.
Diez días que el incansable Pontífice aprovechó para tender un puente de fe entre los cristianos y los políticos, tanto de Cuba como de Estados Unidos, tan cerca geórgicamente, pero tan lejos por algo más de medio siglo.
Todos los calificativos que tributa el diccionario, han sido usados por los Medios de Comunicación de todo el mundo, para elogiar al carismático Papa argentino, que rompió todos los arquetipos , al abordar temas de gran impacto en la comunidad tanto cristiana como agnóstica.
Hasta le han llegado a comparar con una “estrella” por el altísimo poder convocante en todos los escenarios que visitó y por las expresiones categóricas que empleó conjugando el mensaje bíblico, para llamar la atención sobre temas cruciales para la Humanidad. Su humildad, a todas luces, le permite rogar que no lo consideren una estrella, sino “un siervo, de los siervos de Dios”.
Francisco supo aprovechar el privilegio de ser el primer Papa de la historia en hablar ante el pleno del Congreso de Estados Unidos. Y lo hizo lanzando un contundente mensaje a los gobernantes y a los legisladores, sobre la responsabilidad política y el preocupante problema de la inmigración.
A título de hijo de inmigrante, dijo: “Nosotros, las personas de este continente, no les tememos a los extranjeros, porque la mayoría de nosotros fuimos alguna vez extranjeros».
Con la misma contundencia el Papa abordó el tema de la pobreza, el tráfico de armas y el cambio climático, entre otros. Como colofón, a bordo del avión que lo conducía al Vaticano, siguió desgranando temas de interés como el del sacerdocio para las mujeres, las relaciones vaticanas con China, los abusos sexuales visto como sacrílegos, y el perdón que se debe dar, pero que no siempre llega.
Divino puente Cuba- USA
Durante toda la gira resonó el nombre de Cuba y el de Estados Unidos, como enlazados por voluntad divina, en medio del afán reconciliador del único Papa que ha logrado ejercer un rol mediador tan efectivo entre ambas naciones.
Los resultados no se han hecho esperar. A penas unas horas de haber concluido el Papa su gira, el presidente norteamericano Barack Obama ha vuelto a pedir al Congreso de esa nación, que levante el bloqueo a Cuba, y se ha reunido con el presidente cubano Raúl Castro para buscar las fórmulas que agilicen y concreten este proceso. Así se ha producido uno de los efectos más inmediatos de la acción mediadora del Papa Francisco.
Con esa esperanza de que el bloqueo no sea más un obstáculo entre ambos pueblos, millones de cubanos – creyentes y no creyentes- habían recibido a Francisco en la Plaza de la Revolución José Martí, en Ciudad de la Habana; también en la de Holguín y en la Parroquia de la Virgen de la Caridad del Cobre- Patrona de los cubanos-, en Santiago de Cuba.
Embelesados se les vio a los cubanos de guayabera y sombrero de yarey, ceder a la magia de las prédicas de Francisco, que calaron a hondo o pusieron a muchos a reflexionar, cuando vertió su conceptos sobre el servicio y la ideología, el bien común, o cuando se dirigió a los jóvenes enalteciendo sus vidas, o mencionó la problemática de las mujeres y cuando, desde la propia Cuba, que es anfitriona para resolución de conflictos internacionales, llamó a evitar un nuevo fracaso en el proceso de paz en Colombia y les exhortó a caminar hacia una “definitiva reconciliación” que ponga fin al enfrentamiento armado. Otro efecto inmediato de la palabra del Papa, se dio a pocos días: El proceso de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC tuvo un día histórico con el anunciado encuentro en La Hábana entre el Presidente Juan Manuel Santos y el líder máximo de esa guerrilla, Rodrigo Londoño, alias «Timochenko», para firmar los principales acuerdos del tratado que pondrá fin a más de 50 años de conflicto.
Memorable para Francisco y para los cubanos, fue sin dudas, este paso por la Isla de Fidel Castro, que lo recibió en su propia casa, junto a su familia despejando toda suerte de rumores y operaciones mediáticas son la existencia del histórico líder de la Revolución cubana.
Como un sello distintivo, músicos cubanos pusieron la nota alegre a las Misas ofrecidas por el Papa, orquestando acordes de las obras de varios autores del siglo XX , con arreglos musicales de las letras religiosas que siguieron o el compás del danzón, la contradanza, y hasta el son puramente cubanos.
Con respeto y cordialidad, como es costumbre cubana, recibieron y despidieron al Papa en la Isla de Fidel Castro donde se estima que un 25 % de la población es auténticamente católica.
Con su amalgama de religiones, Cuba supo mostrarle a Francisco, su hogar de religiones sincréticas de origen cultural procedentes en gran parte, de África. Y supo agradecerle la palabra divina, y el puente de corazones que ha tendido entre la Isla y el vecino país de Norte, donde los pueblos esperan ansiosos fundirse de nuevo en abrazos.