El presidente es Mauricio Macri y con ello un estilo diferente en la manera de gobernar con respecto a Cristina Fernández. Se puede decir, sin temor a equivocarnos, que el pensamiento nacional, este año, será guardado en el arcón de los recuerdos.
Los escritores emblemáticos que otorgaron pinceladas de cultura en todos los gobiernos peronistas, estarán ausentes y con aviso. Macri es presidente y llegó al sillón de Rivadavia con más estrategia que apoyo popular. Recordemos que en el 2011 se bajó de la candidatura por que su medición llegaba al 3 por ciento. En el 2014, su porcentaje era del 11 por ciento de intención de voto y lo duplicó cuando el radicalismo, traidor como siempre a sus ideas, le entregó el partido para que alcance ribetes nacionales.
Fue así que concurrió a las PASO con 24 por ciento más 6 de los partidos aliados. O sea, 30 contra 39 de un Daniel Scioli homogéneo.
En el medio, escándalos por la cadena negativa del Grupo Clarín que sostenía su candidatura. Se llegó a la primera vuelta con mentiras mediáticas a más no poder. Quizás la de mayor fortuna para Cambiemos fue la operación organizada por Elisa Carrió donde acusaba, en su casa, de narco y asesino a Aníbal Fernández. Esta operación, más la actuación de Patricia Bullrich y Laura Alonso entregando a Canal 13 un listado de periodistas espiados por el gobierno, subieron el rating de Macri.
Las dos operaciones fueron desmentidas, pero en el inconsciente colectivo quedó un gobierno narco, asesino y espía de los periodistas. Arturo Jauretche en 1972 se anticipaba a Elisa Carrió y afirmaba: “Los gobiernos populares son débiles ante el escándalo. No tienen, ni cuentan con la reciproca solidaridad encubridora de las oligarquías y son sus propios partidarios quienes señalan sus defectos que después magnifica la prensa. El pequeño delito doméstico se agiganta para ocultar el delito nacional que las oligarquías preparan en la sombra, y el vende patria se horroriza ante las sisas de la cocinera”.
Así decía Jauretche y así pasó. De escándalo en escándalo se llegó al 25 de octubre donde triunfó Scioli por tres puntos. Macri en 2 años triplicó su caudal electoral producto de la estrategia, la traición y el odio. Con esos valores, llegó a disputar el balotaje el 22 de noviembre donde la progre de Margarita “ya ganamos” Stolbizer, el oligarca encubierto de Del Caño y Sergio “el hombre de las mil caras” Massa prestaron su capital para que la derecha se imponga. El resto del mundo que paladea el ajuste supo derrotar a un homogéneo peronismo por 2 puntos.
El país tiene dos visiones. El ajuste es un sólo, igual que la pobreza. Ellos son el factor común del gobierno liberal de Mauricio, socio de Massa y de Stolbizer. El trio tan mentado trabaja en aras de la destrucción popular, ganado una elección que se basó en el escándalo, el odio, la mentira y la cadena de Magnetto.
Por eso, la voluntad popular no ha triunfado sino que fue un esquema de partidos que prestó sus votos para que la oligarquía llegue al gobierno mediante el voto. Fue una elección, ahora hay que gobernar y de nada sirve echarle la culpa a “la yegua”. Todavía se perdona todo, pero esto recién empieza.