SAN MARTÍN, BELGRANO, ROOSVELT, KENNEDY, Fidel CASTRO, GANDHI, BOLÍVAR, YRIGOYEN, PERÓN y tantos otros, aquí y en el mundo, a pesar de provenir de familias económicamente adineradas, tuvieron en sus manos los destinos de sus países y produjeron cambios que, nos guste o no, fueron reconocidos por grandes masas de la población.
Mauricio MACRI puede incluirse en la larga lista de políticos que desembarcan en el poder desde los grandes capitales financieros e industriales, está en él ser un prócer o convertirse en el presidente más odiado de la historia argentina.
Es cierto que recibió un país dividido por viejas e históricas facciones ideológicas, pero está desendeudado, con casi inexistente índice de desocupación, en franco tren de industrialización, con una inflación decreciente, alto nivel cultural y alfabetismo, bajo índice de mortalidad infantil, inclusión jubilatoria plena, reconocimiento de derechos a la población, total libertad de expresión, etc. Si logra cooptar a los grandes capitales con un sentido nacional, no especulativo y que concentre sus inversiones en el país sin remitirlas al exterior; si aprovecha al periodismo halagador para nuclear a la población monolíticamente en pos de un norte de crecimiento; si unifica a las fuentes sindicales para concertar sin traicionar a los trabajadores; si le retribuye a los artistas y a los científicos todo el esfuerzo recibido en cultura y conocimiento y en fin, si mejora lo que se recibió poniéndole su impronta personal sin destruir los logros acreditados, que sin duda existieron, se habrá de convertir en el mejor presidente de los argentinos y seguramente será reelecto hasta el infinito, porque nadie se opondrá a modificar la Constitución en este sentido.
Todo parece indicar que no habrá de ser así, será cuestión de esperar, aunque las primeras medidas que se han tomado van en sentido contrario al fin soñado. ¡Qué lastima! Sería una pena que estando tan cerca del bien se vaya a optar por el mal.
GARCILAZO