El Gobierno responsabilizó al dueño de FATE y a los sindicatos por el cierre de la empresa
Las teorías conspirativas de la Casa Rosada

Para la Casa Rosada, la crisis de la economía real no existe. Que en los últimos dos años hayan cerrado 30 empresas por día en la Argentina y que la industria funcione con la mitad de su capacidad instalada no tiene ninguna relación con el cierre de Fate. Tampoco el hecho de que el sector de productos de caucho y plástico opere a un tercio de sus posibilidades en medio de una avalancha importadora. Para el Gobierno y su maniqueísmo conspiranoide, la clausura de la histórica fábrica de neumáticos y el despido de sus 920 trabajadores solo tienen dos responsables: los dirigentes sindicales (SUTNA), por provocar una “crisis terminal” en la empresa con reclamos gremiales y el dueño de la firma, Javier Madanes Quintanilla, por buscar perjudicar al programa libertario por intereses económicos.
“¿Conspiranoico yo?”, preguntó Javier Milei en sus redes sociales mientras escalaba el conflicto en la planta de San Fernando y la CGT confirmaba el paro nacional por la reforma laboral. En ese momento, en la Casa Rosada armaron un guión para despegarse del tema. Según el oficialismo, “la crisis de FATE no es nueva”, sino que arrastra conflictos desde hace décadas. “Durante muchos años afrontaron conflictividad gremial con leyes laborales arcaicas y restricciones cambiarias que agravaron el cuadro”, argumentaron desde el oficialismo y subrayaron que la empresa afronta un plan preventivo de crisis desde 2019.
Desde temprano, las filas oficialista señalaron a los sindicalistas como principales responsables de la crisis. Hablaron de dirigentes con “ideologías extremas” que llevaron a la empresa a una “situación terminal”, en referencia a Alejandro Crespo, secretario general del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático (Sutna) e integrante del Partido Obrero (PO). En este sentido, dijeron que la firma tiene una conflictividad crónica, con paros constantes desde 2007.
Por la tarde, hicieron un giro en el relato y apuntaron contra Madanes Quintanilla, a quien la tropa libertaria apodó “el empresaurio”. Al dueño de Fate y Aluar (la empresa de aluminio más grande del país) lo acusaron de enriquecerse con las políticas económicas del kirchnerismo, como subsidios y créditos para estimular la producción o las restricciones cambiarias. Contrario al relato proempresario, el militante Daniel Parisini, alias el Gordo Dan, le endilgó a Madanes Quintanilla que figura en la revista Forbes como uno de los argentinos más ricos.
Entre las teorías conspirativas del Gobierno aparece la sospecha de una “venganza”. Creen que el propietario de Aluar avanzó con los despidos para embarrar el debate de la reforma laboral. “No es una casualidad”, se quejaron. La decisión, según miembros del oficialismo, estaría relacionada con que el aluminio quedó afuera del acuerdo comercial con Estados Unidos. Más allá de la elección del día elegido para el cierre de la fábrica, resulta absurdo pensar que el empresario va a liquidar todos los activos de una empresa con más de 80 años de trayectoria y pagar casi 1000 indemnizaciones solo por el enojo con la gestión de turno.
Lo que el guión libertario esconde es que en el telón de fondo está la pérdida de competitividad de la empresa, producto de una apertura indiscriminada de las importaciones y la caída de la demanda, producto de las políticas recesivas del programa económico de Luis Caputo.
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