Cuando MENEM pudo poner en marcha su agazapada estrategia política, la economía según decían se manejaba con piloto automático, sumado a eso las consecuencias del “fin de las ideologías”, tanto en los canales de televisión como en las radios fueron perdiendo audiencia los programas de periodismo político. Fue así que el gran lobbysta de las privatizaciones Bernardo NEUSTADT se quedó sin trabajo ya en 1995 y hasta su muerte tardía en 2008, estaba privado del aire mientras era sometido, vaya uno a saber hasta qué punto, con una mujer 30 años menor.
A partir de ahora, cuando ya se cansen de echarle toda la culpa al kirchnerismo, con todos los medios alineados en el mismo sentido político, el periodismo irá perdiendo valor e interés y todos los lamentables consecuentes, que se esforzaron en quedar bien con quien fuera el pastor de las buenas ondas durante la campaña electoral, en poco tiempo sus relatos se transformarán en estériles y abstractos, algo así como si hoy quisiéramos comentar la final entre Argentina y Alemania en el Mundial del 90’
Las crónicas periodísticas pasan a la historia por el contenido de los hechos y sus protagonistas, más nunca por el entrevistador, nadie repara en el micrófono ni en las cámaras, sino en las palabras y las imágenes que en definitiva son las que producen un cambio, para bien o para mal, en los pueblos y las comunidades.
Sólo los hijos o nietos del periodista se detendrán en esa particularidad secundaria de la entrevista, por eso es tan importante no hacer el ridículo, ya que la historia es implacable aún para los más allegados.
Garcilazo.