El estigma de Rocca y la “oficina de guerra de Techint”

Trastienda política de los negocios y la disputa entre el Gobierno y la “T”La división más grande del holding está integrada por abogados que hace años interponen denuncias de dumping -como la de la última licitación contra los indios- en cada lugar en el que opera la empresa. Paolo sintió el golpe del “Don Chatarrín” de Milei y ordenó bajar las armas y pegar de un golpe a la vez. El caso expuso la foto en sepia de la burguesía nacional: un mega empresario que defiende su negocio, mientras el Presidente desarma la industria que lo rodea sin que la UIA levante la voz.
Por Leandro Renou
Cuando no se dedica a despuntar el vicio de la canción en vivo, el presidente Javier Milei se permite algunos placeres bastante comunes y poco estridentes. El primero y más conocido, escuchar ópera con invitados especiales en la Quinta de Olivos; el segundo, charlar largo con Federico Sturzenegger. Los que conocen esa relación cuentan que en la última conversación que mantuvieron días atrás nació el mote de “Don Chatarrín”, que el Presidente le espetó al dueño de Techint, Paolo Rocca, a quien acusó de perder una licitación de caños a manos de una empresa india por pedir un precio mucho más elevado que su competencia. El “Coloso”, como él llama a su ministro de Desregulación, le recordó la disputa que mantuvo en octubre del 2024 con Martín Berardi, el histórico hoy ex ceo de Ternium (firma de Techint) y uno de los lugartenientes de Rocca. Fue aquel, precisamente, un choque por el tema de la chatarra, insumo central para la producción metalúrgica.
El 31 de diciembre de ese año se cayó el decreto que prohibía la exportación del producto, por decisión de Sturzenegger. Fue un golpe duro a un negocio que permitía cubrir el rojo de otros negocios malogrados por la anti política industrial de los libertarios. Sobre todo para empresas como Ternium y Acindar, en momentos en que la actividad industrial estaba en caída libre.
El apodo de “Don Chatarrín” fue un golpe inesperado para Rocca, que quedó públicamente expuesto como nunca antes. “Eso le dolió más que perder la licitación”, contaron desde su entorno a Página I12. Es que, si alguien no sabía quién era el poderoso empresario, ahora al menos se le aparece un señuelo atrapa curiosidades. Hasta el diario italiano Corriere Della Sera se ocupó, en la portada de su suplemento económico, de abordar el tema: habló de “Mr. Rottamino” que, en italiano, equivale al “Don Chatarrín” vernáculo.
Para hacer catarsis y rearmarse, Paolo se reunió con su círculo íntimo y pidió bajar las armas y pegar de a un golpe a la vez. La estrategia de la paciencia. Sumado a esto a que también corrió fuerte que Techint quiso vender a precios 40 por ciento más caros, algo que la misma empresa niega y opera sobre medios amigos para que cuenten su versión de los hechos como si eso fuera lo que efectivamente ocurrió. En paralelo a ese escándalo público, pocos se pararon a mirar que la denuncia de dumping que amenaza con presentar Techint contra la empresa india Welspun Trading Limited es, en realidad, un modus operandi histórico de la ”T” en todo el mundo. Un modelo de litigio o de amenaza del mismo, que utiliza para borrar a la competencia y con una división específica de abogados a la que muchos de los enemigos del holding llaman “la oficina de guerra”.
La colisión pública del Gobierno y Techint, con todos estos elementos, podría parecerse a una contienda épica de la política contra el poder económico si Milei tuviera intenciones reales y no estuviera personificando en Rocca a un enemigo palpable, conocido, y criticado por sus pares. En el fondo, los hechos antes relatados ponen sobre la mesa, por un lado, la postal de un gobierno que destruye de manera consciente a la industria: por el otro, a un empresario cuyo proyecto de país parece ser, únicamente, uno coincidente con su proyecto personal. Y aquí hay un tercer factor que le da a Milei una ventaja competitiva: el líder descorazonado ha mostrado no tener complejos respecto a cuánta gente queda en la calle cuando las empresas extranjeras les ganan a las nacionales. Es decir, nada detiene su disputa con Rocca, ni siquiera la filtración de información emotiva que hizo la empresa, aclarando que la derrota en la licitación complica a una importante cantidad de empleados de la cadena de proveedores pyme.
Apoyos que duelen y una brújula rota
Rocca –que se abrazó inicialmente al Presidente por estar ambos enfrentados por negocios a China- fue uno de los empresarios que salieron a ponerle el cuerpo al Gobierno libertario, como también lo hizo Marcos Galperín, de Mercado Libre. Hoy, el destino los unió en la pena por la afectación directa de sus negocios, que se produjo por la apertura económica y de las importaciones que ellos mismos apoyaron y hasta pidieron. Como en la cadena alimenticia, los que reclamaban competencia, fueron devorados por el animal más grande, empresas chinas y de la India. En 2022, José Ignacio De Mendiguren, dos veces presidente de la Unión Industrial (UIA), se fue de la entidad en medio de un escándalo, echado por Techint. Lo corrieron de las listas electorales. En una reunión de tintes bizarros, denunció que Rocca manejaba la lapicera y que sólo hacía foco en sus propios intereses y no en los de la industria. Coincidencias, con rezago.
Hay dos o tres hitos, en el marco de la disputa con el Gobierno, que parecen ir en esa línea. Uno de ellos, bien directo: Rocca le pidió al presidente de UIA, Martín Rappallini, que salga a bancarlo en público. Lo hizo con un artículo de opinión en Clarín que cita a Alberdi y puntualiza que “el progreso tiene líderes con nombre y apellido”. Elocuente y curioso relato, incluso para sus pares. Es que la primera defensa de Rappallini a algo vinculado a la actividad no tiene que ver con el desastre fabril que produjo Milei, sino con poner la cara por el interés individual de Rocca. “Elogia el modelo económico cuando todo se derrumba y, en la misma línea, le cuestiona al Presidente que le ponga apodos a Paolo”, se sinceró, con bronca, un dirigente fabril enojado por la pasividad de la entidad. Pero hubo más: en medio del desplome industrial y en pleno Rocca gate, Rappallini visitó a Pablo Lavigne, el secretario de Comercio. Fue este jueves. Le sugirió ver el tema China y las importaciones: es decir, fue a ver a un ladero de Caputo para defender, una vez más, el negocio individual de Rocca y no para hablar de la crisis. Es Paolo, al fin y al cabo, quien dio el visto bueno para que presida la UIA en una gestión que, internamente, describen como “despintada”.
El segundo hito es que, en los últimos días, Rocca habilitó enviar cuadros de la UIA a tomar contacto con la senadora Patricia Bullrich para charlar de la reforma laboral.
Se apersonaron al despacho de “La Piba” el presidente de la UIA, Rappallini, mano derecha de Techint; Juan José Etala, responsable del Departamento de Política Social de la UIA; Mariano Genovesi, encargado de Relaciones Parlamentarias, el economista y director Diego Coatz y dos pesos pesados que mueven los hilos reales de la UIA. La referencia es para David Uriburu, de Techint y Eduardo Nougues, de la azucarera Ledesma. La orden para ellos fue decirle a Bullrich que siguen apoyando al Gobierno, que bancan que salga la reforma laboral pero que, a cambio del apoyo, le pongan ojo fino a las importaciones que están entrando de China, el histórico enemigo de Rocca. Otra movida de carácter individual y de lobby exclusivo de Techint. Dos veces, en poco tiempo, en la misma línea.
Bullrich, según cuentan cerca de ella, se asombró no por el pedido, sino por lo poco que hablaron de la reforma laboral. Es que el tema, para Techint, es meramente enunciativo e inútil a los fines de su plan. Esos cinco dirigentes fabriles ya mantuvieron dos reuniones con Patricia para cerrar filas, todo en medio de la catástrofe industrial más importante de la historia de las fábricas que la UIA representa.
En este mar revuelto, el martes último, Rappallini comandó una reunión en la sede Avenida de Mayo de la UIA. Un encuentro caliente. Los dirigentes de Techint estaban en llamas con sus teléfonos sonando y sin comprender por qué el Presidente los había ridiculizado. Era, además y según confesaron varios de los presentes, la primera vez en la cual además del calificativo descalificador, aparecía mencionado Techint como pidiendo precios mucho más caros. Una de las voces de esa mesa, parte del Comité Ejecutivo (la mesa chica), contó que, hacia el final de la licitación para proveerle caños a un privado (al pool de empresas que incluye, entre otros, a Alejandro Bulgheroni y Marcelo Mindlin), la “T” aceptó bajar dos veces la oferta. Pero ya lo habían cocinado mientras especulaba. Otro curioso, en esa misma mesa del Salón Petiribí de la UIA, hizo la pregunta del millón: “¿No se dieron cuenta que no iba a pasar con 40 por ciento más caro el precio?”. La escena la dominó el silencio. Nadie respondió.
Las mañas del diablo para borrar a la competencia
Fernando Landa se hizo conocido por ser el sherpa del G-20 Argentina en la era Macri, junto al ex titular de la UIA, Daniel Funes de Rioja. Hoy, es el presidente de la Cámara de Exportadores, pero antes fue el hombre de Techint que comandó lo que los enemigos describen como “la oficina de guerra”. En la empresa de Rocca funciona una unidad de lobby que, estiman, es la unidad de negocios más grande y está integrada no por técnicos, sino por abogados que, en cada país en el que la “T” pone un pie, observan a los competidores y les imponen, de acuerdo a cada caso, denuncias y sospechas por dumping.
Landa, que también presidente de Ternium en Estados Unidos, director comercial en la privatizada Sidor en Venezuela, y también director de Comercio Internacional, de Planeamiento y de Supply Chain de Ternium. Conoció el paño que hoy manejan otros.
Los antecedentes de cómo se mueve esa oficina muestran por qué la denuncia de dumping de Techint a la firma india es un paso más en la misma línea. Ya en 1998, Tenaris le pidió
al Gobierno de Menem ponerle aranceles anti dumping a la firma brasileña Compañía Siderúrgica Nacional (CSN) -la mayor productora de acero plano en la región-, controlada por el holding Vicunha Aços, a la que acusaba de entrar acero brasilero a argentino para perjudicar a Siderar.
Techint, además, tiene un negocio grande en México, donde también está amenazado por el producto de los chinos. En una de las visitas a las plantas expresó en público que la secretaría de Economía de ese país debía hacer un esfuerzo para analizar los detalles del comercio de su rubro.
En 2015, en Guatemala, pasó similar en la planta de Villa Nueva. Acechados por la competencia china, le avisaron a la Dirección de Administración del Comercio Exterior (Dace) de ese país que si no había algo de intermediación estatal buscarían “otras instancias” para combatir las importaciones chinas a Guatemala.
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