Simultáneamente con un Papa peronista que jamás hubieran imaginado Perón y Evita, sus descendientes estamos en un dilema.
Por Miguel A. De Renzis.
Perón no fundó un partido, sino un Movimiento. Por lo tanto, como su palabra lo dice, Movimiento significa estar activo, moverse, es el opuesto al concepto de la revolución francesa de partido, que fragmenta, parte, divide.
El Movimiento es el hecho revolucionario más trascendente del siglo XX, porque irrumpió con la fuerza necesaria para generar una nueva escala de valores.
La filosofía construida por Perón fue la de un determinismo nacionalista para defender la soberanía, de una mirada internacionalista inteligente para entender como en Posdam y en Yalta se habían repartido el mundo, y de incluir por primera vez a los trabajadores como columna vertebral de este Movimiento.
Por entonces socialistas, comunistas, anarquistas, e independientes que manejaban el sindicalismo, fueron cediendo ante la aparición de la nueva estructura.
Ya los obreros y trabajadores no mostrarían las banderas rojas o negras, sino la azul-celeste de Belgrano, y ya no sería más el “Día del Trabajo”, sino que el 1º de Mayo sería la Fiesta de los Trabajadores.
Perón no solo logró la justicia social sino que significó en lo político y en lo social al ser humano.
Nuestra diferencia con relación a los materialismos se basa en que Perón establece en su doctrina que el hombre vale por lo que es, y no por lo que tiene. Y a la propuesta del materialismo dialéctico del marxismo y del materialismo del capitalismo, Perón propone al hombre como epicentro de la política.
Ya no será el Estado manejando todo, ni los privados dueños de todo.
Habrá una burguesía nacional con una poderosa clase media, con el ascenso de los humildes a ella y de los hogares de los obreros, por primera vez, egresarán profesionales.
La oligarquía maldita nunca lo perdonó. Tampoco la izquierda cipaya. Por eso en los golpes de Estado el PC se alistó con los que bombardearon en el 55, con Videla en el 76, sin contar que Lanusse y Viola eran niños mimados de la Unión Soviética.
En las últimas elecciones, el mismo Patricio Echegaray, referente del PC, figuraba en la boleta del Frente para la Victoria, y por el otro lado, estaba en la de Cambiemos, representantes de multinacionales que en los tiempos de la dictadura coincidieron con el PC.
Mientras Diana Conti pedía una Cristina eterna, nadie se acordó que fue cuadro de la Federación, funcionaria de la Alianza, y que votó siempre en contra de las boletas peronistas.
Cuando muchos votábamos a Néstor Kirchner, el canciller Timmerman era candidato a diputado nacional de Carrió. Y Leopoldo Moreau, el candidato a presidente menos votado en la historia del radicalismo (2 y medio%), operador de Cristina, poniendo a su yerno, titular de los “irrompibles radicales” en la boleta de Capital acompañando la candidatura de Scioli, al que siempre atacó con dureza.
El diputado electo Kicillof, uno de los peores ministros de Economía de estos doce años por las consecuencias que nos dejan, nunca fue peronista. Y Zanini, el candidato a vice, activó en la Unidad Básica Los Muchachos Peronistas de Rio Gallegos, siendo un histórico de Vanguardia Comunista, hoy Partido de la Liberación, desprendimiento del socialismo.
Aníbal Fernández, histórico peronista, nos recomendó “ponernos la marcha en el culo” y su compañero de fórmula, Sabatella, histórico activista del Partido Comunista, fundador de Nuevo Encuentro, terminó enfrentado con Carlos Heller, otro integrante del PC histórico y dueño del Partido Solidaridad, con el Banco Credicoop atrás.
Por hacer algunos nombres.
Del otro lado, Mauricio Macri que nunca fue funcionario, es hijo de Franco, el abrepuertas de los negocios con China al gobierno de Cristina.
Gabriela Michetti tuvo un pasado de simpatizante de la Democracia Cristiana, partido creado en 1955 por los comandos civiles, de donde salieron varios conocidos dirigentes, entre ellos, el nefasto Martínez de Hoz.
La promesa de tener en el gabinete al ex titular de Shell, empresa británica holandesa y el silencio en la definición de su política económica, son dos cuestiones inquietantes y preocupantes.
Ni Scioli, ni Macri hablan del medio ambiente, de impuestos a la renta financiera, de impuesto a la renta minera, que obviamente el kirchnerismo jamás aplicó.
Después de un largo recorrido y de haber utilizado el voto en blanco como arma, ante tantas proscripciones al peronismo, los peronistas hoy se dividen en varios segmentos: los que asumieron con fuerza el kirchnerismo como si fuera peronismo, los que nunca lo aceptaron por saber las diferencias, los que aceptan las cosas que están bien y quieren cambiar las que están mal. Y por último, los que están hartos del relato y la prepotencia.
De todos estos, los que creyeron en este gobierno atacan a Macri. Los otros tres se debaten entre el apoyo a Scioli o el voto en blanco.
Para los más jóvenes decimos que esto no necesita un estudio sociológico sino historiográfico, y saber cómo está compuesto nuestro Movimiento es la clave.
Para que quede más claro: el 22 es un problema partidocrático, no es un problema movimientista. El 23, cualquiera sea el resultado, comienza el debate del Movimiento.
Al decir del General, unos son radicales, otros son socialistas, otros se dicen comunistas… pero peronistas son todos.
Porque ser peronista significa que primero está la Patria, luego el Movimiento y por último los hombres.
Cuando entendamos esto, habremos encontrado la solución al dilema. Mientras tanto, la partidocracia liberal, de derecha y de izquierda, nos seguirá enfrentando, seguirán usando nuestra fuerza multitudinaria y se disfrazarán para un nuevo engaño.
En Roma lo resolvieron: el Papa es peronista. En la Argentina todavía no. De nosotros depende.