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Discepolín y Don Arturo-Por Kurt Wilkens

En la Argentina de hoy la política ocupa el centro de la conversación nacional. Oficialistas lanzan al ruedo una revolución de mentiras al por mayor para tratar de justificar lo que cualquier conciencia no podría. Los opositores abusan de la esperanza popular para encaminar su retorno al poder. En el medio, dirigentes que recurren a líderes ya fallecidos para avalar sus dichos. No faltará quien diga que Alfonsín hubiera acordado con Macri como lo señaló Luis Brandoni, cuando no existe registro alguno del ex presidente donde tratara con cariño a la derecha. Desde el peronismo, dirigentes de un sector y otro reviven a Perón para que este, desde el más allá, dictamine si Cristina es no peronista o si Urtubey es la continuidad del General.

Nada concreto, nada real, solo humo sobre el agua. Pero allá arriba, en el Comando Celestial observan, café de por medio, en el Bar Causa Nacional instalado en la nube porteña dos intelectuales de ley. Discepolín y Don Arturo.

-Vio Don Arturo, ahora resulta que Macri es peronista y es un líder carismático, por lo menos así lo hace ver más de un pseudo periodista que siempre termina su comentario diciendo que trabaja en completa libertad, ¿Que me dice?
-Compañero, le contesto con algo que siempre he pensado. No existe la libertad de prensa, tan solo es una máscara de la libertad de empresa. ¿Me entiende?
-Como no lo voy a entender. Yo observo periodistas al servicio de sus empresas y otros que se desesperan por comunicar lo que realmente pasa.
-Es más, le digo que hay un hambre que es tan grande como la del pan y es la de la injusticia, la de la incomprensión. El problema, Discepolin es que el país venía creciendo pero hubo elecciones y la clase media vota mal cuando está bien y vota bien cuando está mal. Habrá que esperar entonces.
-Cuánta razón lo avala Don Arturo, la Argentina es como un gran amor. Yo hubiera dado la vida por salvar la ilusión. Fue el único sol de esperanza que tuvo mi fe, mi amor.
-Que va a hacer compañero, hoy los argentinos, Discepolín, apenas si tienen para pagarse la comida de todos los días. Y cuando las industrias se liquiden y comience la desocupación, entonces habrá muchos que no tendrán ni para pagarse esa comida. Será el momento de la crisis deliberada y conscientemente provocada. No habrá entonces más remedio que contraer nuevas deudas e hipotecar definitivamente el porvenir. Llegará entonces el momento de afrontar las dificultades mediante la enajenación de nuestros propios bienes, como los ferrocarriles, la flota mercante o las usinas.
-Entonces, Don Arturo, ¿Qué hay que hacer?
-Y depende. Algunos escucharán a Macri.
-Si claro, ahí como nunca yo le diría, verás que todo es mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa, yira, yira.
-Era un chiste, ninguna solución nacional viene de la mano de un cipayo. Para ser claro, todos los sectores sociales deben estar unidos verticalmente por el destino común de la Nación. Se hace imposible pensar la política social sin una política nacional. ¿Entendió Discepolin?
-Cómo no voy a entender, es más, parafraseando un tango de los míos, el argentino de hoy bajo el gobierno derechista debería tararear “Uno busca lleno de esperanzas el camino de los sueños prometieron a sus ansias”, ¿No?
-Así es compañero, ahora tome el café y hagamos una generala
-El café lo tomo, pero busquemos un juego más democrático.

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