Durante todo 2015 se repetía sin cesar que pasaría de ser electo presidente Macri. Todas las tardes se hacia hincapié en que un gobierno liberal iba a endeudarse, dejar liberado el dólar, sacar retenciones y abrir importaciones. En una semana de gobierno, Prat Gay hizo realidad los editoriales de Comunas AM.
Pero es de manual. Siempre el mercado es el protagonista en esto gobiernos pro-yanquis, siempre beneficia a las capas altas y siempre la clase media entra, sonríe un tiempo y termina siendo el pato de la boda.
El medio pelo estalló de alegría. Su pobre mente colonizada puede correr a comprar dólares. Sin trabas, sin impuestos, pero con pocos pesos. No importa, la alegría lo desborda, sabe que el modelo no es inclusivo y tiene la certeza que ha vuelto Menem.
Pero otra vez se equivoca. Otra vez gasta a cuenta. Otra vez compra espejitos de colores. Prat Gay utilizó la lógica porteña, compro tarjeteando. En 2016 la Argentina tendrá 20 mil millones verdes que gentilmente el poder prestará. Habrá plata en la calle y comenzará a consolidarse el esquema liberal.
Pero para llegar a este paso auspicioso, mucha gente quedará fuera del sistema. Los jubilados que protestaban por 4400 mensuales, ¿Ahora reclamarán con un 50 por ciento de devaluación?
Los planeros de 800 pesos seguirán haciendo largas colas para cobrar nada, los trabajadores se bancarán reducir su poder de compra y parte de la clase media deberá renunciar al consumo pleno que la dictadora había propuesto.
El discurso de Prat Gay tiene un símil en la historia, el del 2 de abril de 1976 de José Martínez de Hoz. Y su plan es un remix de Cavallo. En una palabra, ya conocemos el final. Pobreza cero será en las capas altas porque en el resto, la pobreza será un miembro más de la familia.
Hoy la clase media es feliz. Sabe que el marginal pronto será historia. Presume que todos los K serán apresados y que el peronismo, más temprano que tarde, desaparecerá.
Todavía no se cumple un mes de gobierno liberal y ya se gasta a cuenta. El peronismo está dormido, no muerto y estos planes necesitan de la represión para llevarse a cabo. La pregunta es: ¿Cuántos muertos hacen falta para cerrar el plan?