Finalmente Cristo llegó a Buenos Aires. Entró por Recoleta. Caminó por Coronel Díaz, en ojotas y bendiciendo a quienes se acercaban. La gente comenzó a rodearlo. Hasta que un porteño, bien vestido, con porte señorial se le plantó y llamó su atención.
-Señor, has retornado, le espetó, para luego arrodillarse.
-Así es hijo, ya di la vida una vez y hoy retorno a la Tierra. Quiero caminar entre los que más me necesitan.
-Señor, estás en un error. Tu GPS se habrá equivocado. Estamos en Recoleta, un barrio acomodado y tenemos de presidente a Macri. Nosotros no te necesitamos.
-Te equivocas hijo, ustedes me precisan, ustedes sólo recuerdan a Dios 45 minutos en una misa, un hecho cultural para ustedes y nada más.
-No entiendo, dijo el porteño.
-A ver, ¿Vos me conoces bien?
-Por supuesto, diste la vida por todos nosotros.
-Sí, pero tenés en tu memoria que yo nací, vinieron los reyes magos, hice milagros y morí en la cruz.
-Y sí.
-Entonces no entendiste nada.
-¿Por qué?
-A ver, te lo explico de una y te hablo como acá para ser claro y que entiendas, ¿Okey?
-Sí, maestro.
-Yo nací, vi a los reyes magos en vivo y en directo y cuando llegué a la adultez comencé a militar.
-¿A qué?
– A hacer campaña, ¿Qué es lo malo?
-No, nada, es que acá y ahora la militancia es grasa, corrupta y está mal vista, afirmó el porteño.
-En fin, ¿Puedo continuar?
-Sí maestro
-Yo pregonaba el bien en contra del mal, ¿Así está bien?
-Ahora sí.
-Bien, hablé con la gente, convencí a algunos y lo sumé a las filas del bien. Ahora se dice afiliar, ¿no?
-No maestro, esa palabra también está mal vista.
-Ok, sigo. En mi marcha hice milagros, digamos que actos de campaña.
-Maestro, eso tampoco se dice.
-¿Sigo?
-Si, si.
-Bueno, multipliqué panes, pescado y vino.
-¡Qué horror! ¡Emborrachó a la gente!
-No hermano, me junté con gente necesitada. Le di de comer y beber. Y no vengas con la gilada de que hay que darle la caña al pobre para que pesque. Eso no es de cristiano.
-Pero maestro, siempre supimos que la gente honesta se gana lo que consume, nada se regala.
-A ver, vamos de vuelta. Si hoy entra en tu barrio, un tipo barbudo, mal vestido, se acerca a los pobres y les regala comida y ropa, ¿Qué pensás que es?
-Y si no es de la Cámpora es comunista seguro, póngale la firma.
-Viste como me precisan en Recoleta. Yo llegue al mundo y de grande armé una orga con Juan el Bautista y salimos a militar por las calles de Belén. En campaña, dimos de comer y beber, llevamos alegría a gente sufriente y que luego nos siguió y ¿Cómo terminó la historia? Yo en la cruz, no tenia documentos, por un DNU de Poncio Pilatos y al lado de Barrabas. ¿Y que hizo la clase media y no el pueblo cuando Macri, digo Pilatos, preguntó a quién salvaban? Optaron por el ladrón. ¿Y sabes por qué?
-¿Por?
-Porque el ladrón devolvió lo robado, era un ladrón, en cambio yo, venía a cambiar el sistema.
-Esa es la historia real y no la de la cruz detrás de la cama o en una iglesia donde me rezan olvidándose que existen los diez mandamientos.
-No maestro, yo sé cuáles son los 10 mandamientos.
-Entonces, ponelos en práctica. Por ejemplo, amar al prójimo y no discriminarlo porque es pobre. No mentir, o sea, no sigas los dictados de Magneto, y no desear la mujer de tu prójimo ni tu prójimo. Si cumplís esos, me conformo. ¿Entendés ahora por qué bajé en Recoleta?
-Sí maestro.