El peronismo en la actualidad no puede dar una imagen cierta de unidad. El movimiento obrero divido y expectante observa como de a poco se destruye el poder adquisitivo del obrero. El Partido justicialista no hizo la debida autocritica y vive un clima de internas anticipadas.
El Frente para la Victoria por un lado, el PJ histórico por otro y en el medio, los militantes que concurren a plazas, marchas y cuanto acto se haga para expresar su bronca ante el gobierno liberal entreguista de la familia Macri, Techint y Clarín.
Este es el mes en que debe aparecer Cristina. El peronista la extraña y el macrista también. El Pro necesita un enemigo de fuste. Moyano ausente en la pelea y el PJ carente de espadachines de primer nivel hace que el liberalismo esté huérfano de enemigos en la pantalla chica.
Al mismo tiempo, Macri no sale ni a pasear si no se lleva a Sergio Massa. Sergio hoy es el límite del justicialismo. El partido puede entender un Scioli, un Insaurralde o hasta un miembro de la Cámpora como presidente del partido, pero no toleraría jamás al hombre de Tigre.
Todos saben dentro del partido que Sergio es el plan B de la Embajada y que su función en la política actual es ayudar a Macri y dividir al peronismo, por eso en los corrillos del consejo nacional su nombre es sinónimo de traición.
Pero, ¿Hasta qué punto son útiles los traidores a una corriente política? Perón explicó en cierta ocasión que “Si el hombre no tuviera sus autodefensas, hace miles de años que habría desaparecido de la Tierra. No vive por los médicos ni por los antibióticos, no. Vive por sus autodefensas. ¿Qué produce las autodefensas? El propio microbio que entra al organismo, que genera sus anticuerpos. El mismo crea las autodefensas.
En las organizaciones institucionales, como en las fisiológicas, ocurre lo mismo. Si usted maneja todo y está allí, y todo eso, hace un movimiento sin autodefensas. Para defenderse, ¿Me necesitan a mí? No, eso no debe ser. La autodefensa debe estar dentro del organismo, funcionando, él debe tener sus autodefensas. Por eso, cuando aparece un traidor, yo no lo echo ni nada. Les digo siempre: Shhh cuídenlo, este es útil, está generando anticuerpos”.
Por eso el hombre del pensamiento nacional, el militante peronista no debe esperar la vuelta de Cristina ni el despido de Massa. La misión es copar y ganar la batalla cultural, entender que la unión del peronismo permitirá el retorno al poder y por último, cuidar a Massa y que no se vaya de nuestra observación, así sabremos que el camino correcto es inversamente proporcional y de sentido contrario al joven fanático de Tigre y ex hincha de San Lorenzo.