Comunas AM

Ciegamente distraídos.

 

 

Por  Margarita Pécora  B. –

 

En política, la distracción no es un accidente: es una estrategia. Mientras la atención colectiva de los argentinos y buena parte de su clase política opositora al gobierno de La Libertad Avanza se desviaba hacia el espectáculo apasionante del Mundial de Fútbol, la trama de fondo avanzaba en silencio y todos caían en una trampa de la que no será fácil escapar.

 

La fiebre mundialista se convirtió en anestesia social. Millones de argentinos abandonaron sus rutinas, se sentaron frente a las pantallas y contuvieron el aliento esperando los goles de su salvador Lionel Messi. La pasión futbolera, legítima y desbordante, se transformó en un velo que cubrió la realidad política.

 

Detrás de esa cortina de euforia, la puerta del país quedó entreabierta y el embajador Eyal Sela mostró con claridad cómo Israel afianza su presencia en Argentina bajo el clima de simpatía y apertura ofrecido en bandeja por el gobierno de Javier Milei. La narrativa de “valores comunes” y “amistad histórica” fue utilizada como llave simbólica para legitimar un desembarco que no es solo diplomático, sino también cultural y económico.

 

La referencia del diplomático a la quinta comunidad judía más grande fuera de Israel y a los 100 mil israelíes con raíces argentinas reforzó la idea de un puente humano que facilita la integración. No se trata únicamente de vínculos afectivos, sino de una base social que permite justificar la expansión de relaciones bilaterales en múltiples planos.

 

El comercio aparece como otro eje de penetración. La carne argentina, exaltada como producto predilecto en Israel, se convierte en símbolo de un intercambio que fortalece la dependencia mutua. A ello se suma el anuncio de vuelos directos entre Buenos Aires y Tel Aviv, un paso estratégico firmado por Milei a espaldas de la Nación y que abre la puerta a mayor movilidad para ciudadanos israelíes bajo la fachada del turismo y los negocios, consolidando la presencia extranjera en el territorio austral.

 

Por otro lado, mientras los argentinos permanecían distraídos con el fútbol, Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, viajó a Tel Aviv y, a espaldas del poder legislativo, firmó acuerdos con Israel cuyo alcance y profundidad aún no se conocen. Ese gesto, realizado en silencio y sin debate público, revela cómo la diplomacia paralela se convierte en canal de penetración extranjera, legitimado por la indiferencia de una sociedad absorta en la pasión deportiva.

La falta de transparencia en esos convenios abre interrogantes sobre la soberanía y sobre el verdadero costo político de un vínculo que se fortalece sin control institucional, mientras el pueblo celebra goles y olvida que en los pasillos del poder se sellan compromisos que podrían marcar el futuro del país.

 

Finalmente, el discurso geopolítico del embajador israelí contra Irán busca alinear a la Argentina con la agenda de seguridad de Tel Aviv. Al advertir sobre “agresiones” y pedir cooperación internacional, invita al país a sumarse a su estrategia global. Así, mientras la multitud celebraba, la serpiente diplomática se deslizaba suavemente, afianzando su nido con el beneplácito del gobierno libertario.

 

El resultado es demoledor: un pueblo que, en su fervor deportivo, olvidó vigilar la soberanía; una oposición que, atrapada en la misma trampa, dejó pasar la oportunidad de denunciar el entreguismo. La teoría de la distracción se hizo carne: el espectáculo tapó la política y la serpiente encontró terreno fértil para instalarse.

¿Cuántas veces más se repetirá esta escena, cuántas veces el grito de gol servirá de cortina para ocultar la entrega de la Nación?

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba