La Central obrera vive momentos de alta tensión y sin definir un lider que nuclee las diversas posiciones sindicales. Así lo hicieron saber, algunos miembros del CD de la fracturada CGT en torno al debate que se abre sobre la elección de nuevas autoridades para la Central Obrera. El mismo debate, una oportunidad.
“El triunvirato está agotado. El consenso no existe”, afirmó días atrás uno de los triunviros más coherentes con el mandato obtenido, Juan Carlos Schmid.
Asimismo, Pablo Moyano anunció hace unos días que entre marzo y abril, se elegirá una nueva conducción para la Central. ¿Quién será la prenda de unidad? ¿habrá unidad efectiva?¿podrá derivarse en un unicato?¿habrá concreta renovación, dando ejemplo de un verdadero trasvasamiento generacional?. Viejas preguntas, quizás, viejas respuestas. El porvenir de la Central Obrera es un enigma, pero se rumorean algunos nombres para lograr capitanearla: Sergio Sasia de la Unión Ferroviaria; Héctor Daer de ATSA y hasta hace poco triunviro de la CGT; Ricardo Pignanelli de SMATA; el bancario Sergio Palazzo y hasta el propio Pablo Moyano se anotaría –con la idea de que el apellido Moyano y su poder de convocatoria, siga resonando desde la calle Azopardo-.
“Es una mesa muy chica para una unidad tan grande”, había disparado Palazzo al “unificarse la CGT” con un Triunvirato el 22 de agosto del 2016. El dirigente expresó así el rechazo de un vasto sector gremial a la conformación del Consejo Directivo y a “la falta de representatividad” de esa mesa de conducción. Nunca hubo tal unidad. “Siempre estuvo el sector dialoguista y también los combativos. Lograr la unidad, históricamente fue y es difícil”, aportó un dirigente referenciado en la Corriente Federal de la Trabajadores –CFT-.
Con la marcha del 21F, hubo acuerdo y desacuerdo, como también lo hubo con el paro de diciembre, en rechazo a la reforma previsional. “El tono político que fue tomando la movilización hizo que no participamos. Como dirigente tengo que cuidar a mi Organización y atender con prudencia y sabiduría todas las necesidades y demandas, no podíamos meter a la Organización en el centro de la disputa Moyano-Macri”, explicó un importante dirigente del Consejo Directivo de la CGT.
Así el panorama, el objetivo inmediato del gobierno nacional es avanzar en el “dialogo” con los sectores que no participaron de la marcha y, además, fortalecer el vínculo con los gremios enrolados en las 62 –que acompañan la gestión de Gobierno y tienen una fluida relación con Jorge Triaca-.
Todo, “porque buscan debilitar y aislar a las diferentes Organizaciones gremiales combativas, que salen a dar pelea y alzar su voz contra estas políticas de hambre y exclusión”, explicó un dirigente enrolado en la CFT. “Pero no nos van a acallar y vamos a seguir dando pelea”, continuó.
En tanto, al gobierno le interesa fomentar o impulsar “una CGT afín”, si no es a sus intereses, que por lo menos no signifique un obstáculo a la concreción de sus objetivos de gestión.
A partir de la jornada del 21F, la unidad de diversos sectores sociales, políticos y gremiales parecería indicar que se abre una nueva etapa, no solo en el sindicalismo, sino en el campo nacional y popular, etapa signada por el desafío de hacer de este tiempo histórico, un tiempo de construcción de un programa, de un modelo, en sincronía con las demandas de vastos sectores sociales, pero también signado, es el peligro, por el espanto que une voluntades, de un lado y del otro.



