Va a ser muy difícil comprender la historia argentina de comienzos del Siglo XXI. Los nietos que de nuestros nietos vengan, por establecer una pauta de aquí a 70 años, jamás podrán encontrar el hilo conductor de un peronista que se dice de la primer hora, como Julio BÁRBARO, que no haya votado a un candidato como SCIOLI y que, aunque lo haya hecho en blanco, indudablemente benefició a lo más rancio del conservadurismo oligárquico.
Que MACRI haya inaugurado un monumento a PERÓN durante la campaña electoral y que en el acto estuvieran Eduardo DUHALDE y el periodista decano de Casa de Gobierno Roberto DISANDRO, ambos peronistas reconocidos (el último también de la denominada primera hora), es poco menos que kafkiano. Que varios secretarios gremiales con mucho poder comoHugo MOYANO, virtual luchador en contra del menemismo de los 90’, se haya sentado a la mesa del presidente electo a la espera de las migajas que pueda ofrecerle el macrismo, presto a despedirlo en forma urgente para desinfectar sus manos blancas, olvidando ipso facto todos los acuerdos mentidos en la propia cara del morocho jetón.
La historia nunca se detiene en las opiniones de la gente por mucha jerarquía que tengan, ni en las cartas de lectores, interesan las revoluciones, los líderes, los traidores y los movimientos populares, que espontáneos o no producen cambios de importancia. La historia suele ser lineal, va de menor a mayor y se respetan las cronologías, nadie después de haber estudiado la llegada de Colón a América vuelve a los Mayas y a los Aztecas y mucho menos a la prehistoria. Sin embargo esta política que nos toca padecer, vencido el tercer lustro de este siglo, se nos presenta por lo menos sinuosa, con idas y venidas, de ideas zigzagueantes y de contradicciones evidentes. La sociología romperá sus moldes y adecuará sus principios para entender las actitudes de un pueblo exhausto y extraviado, quizás se descubran fenómenos perturbantes que no se hayan dado en la antigüedad, o tal vez existan vericuetos mentales nuevos, de otras dimensiones, que logren captar las desviaciones que hoy por hoy no entendemos.
Ministros y embajadores procesados que hablan de republicanismo a la vez que violan la constitución, pedir por la independencia judicial cuando a diario reciben sentencias favorables, negar los logros habidos e insistir en ellos como si fueran propios, realizar discursos alegóricos y esperar el aplauso, como si se hubiese enunciado un principio revolucionario. Nada parece estar sucediendo porque hemos perdido nuestra capacidad de asombro, por eso las futuras generaciones deberán muñirse de elementos y consignas que, hoy por hoy, no tenemos. Si hubo una década infame, el cuarto quinquenio de este Siglo se nos presenta incomprensible visto desde abajo y tétrico visto desde arriba.
GARCILAZO