Cuando asume el poder el líder que el personaje de Woody Allen alentaba para llegar a la presidencia centroamericana de San Marcos en la película Bananas, proclama en su primer discurso: “A partir de hoy no habrán elecciones, el idioma será el sueco y la ropa interior se usará del lado de afuera”. Digamos que Mauricio Macri con su lapicera para firmar decretos se parece bastante a este personaje.
Que triunfó un modelo liberal no es noticia. Que las empresas, sucursales corporativas, manejan el poder tampoco es novedad y nunca lo fue. Ahora bien la persecución ideológica que se puso en marcha si es noticia y no existe medio donde publicarla.
El presidente tiene el blindaje mediático del grupo Clarín y sus aliados, se le suma aquellos que en campaña optaban por el peronismo pero hoy para no cerrar son doblegados económicamente y editorialmente. Y a todos estos se agregan los medios estatales, que a pesar de que Hernán Lombardi diga que serán pluralistas, sigue siendo más creíble, la pobreza cero.
Acusaban a los K de montar un relato, bien. ¿Dónde usted cree que termina esta política liberal más parecida al 76’ que a los 90’? En un relato con ausencia. ¿Cómo se explica? Fácil, simple, todo lo dicho por el presidente será alabado y sus malas políticas serán responsabilidad de la yegua corrupta, de la ladrona, de la chorra o de la yegua prófuga, ladrona, corrupta y chorra.
Para eso se sumará el poder político. O sea, los discursos de los militantes pro serán secundados por Massa, Stolbizer, Rodríguez Saá y parte del peronismo que -como consecuencia de la falta de poder y de presupuesto- jurarán fidelidad al diablo con tal de seguir expuestos como dirigentes probos y con posibilidades eleccionarias.
La idea central es que el kirchnerismo desaparezca. Un solo relato, un solo discurso, una moneda, una religión así tal cual lo exigen las corporaciones supranacionales.
Los panoramas económicos del Grupo Clarín detallan el futuro negro no sin antes responsabilizar a Cristina. Marcelo Bonelli llegó a escribir sin que le tiemble el pulso que “Cristina se enojó con Macri, porque no le garantizó impunidad en sus actos de corrupción, por ese motivo no concurrió al Congreso en la entrega de mando y que Macri contestó que él no maneja la justicia”. Creer esa información es pecar al menos de ingenuo, tirando a tonto o ser un ciego militante del odio permanente.
Pero la idea macrista no es original. En la Alemania nazi ocurrió lo mismo con el pensamiento judío y hoy son poder en la tierra. También pasó con el proceso quemando libros marxistas y matando peronistas, y hoy el peronismo sigue vivo. En Indonesia se mató a un millón de personas de ideología comunista para asegurar el poder al general Suharto sostenido por empresas norteamericanas. Pasó en el Chile de Pinochet, en la España de Franco, en la Italia de Mussolini y así podemos recorrer la geografía y la historia y siempre nos encontraremos con gobiernos liberales que además de desguazar países en nombre de Tío Sam buscan un sólo relato y el olvido de los movimientos populares. Pero a pesar de la felicidad del inicio que los medios potencian en estos líderes de plástico la película siempre termina igual y el final es que el pueblo tiene memoria.
Pasó Clarín con sus titulares sobre el tirano prófugo y el presidente violador, sin embargo, la memoria de Perón persiste en el inconsciente colectivo.
A pesar del autoritario Néstor, de la yegua chorra, corrupta y ladrona el pueblo no olvida. A pesar del poder macrista, a pesar de sus ojos azules y su recorte en el presupuesto de educación, la gente lo recuerda. A pesar que ya han ordenado que se apaguen las luces del recuerdo de Evita en el ministerio de desarrollo social, 700 mil almas despidieron a Cristina.
Por eso hoy Macri puede decretar que el idioma oficial será el sueco pero el pueblo sabe que su idioma es el español y su pensamiento político, la causa nacional.