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Argentinismos-Por Gabriel Princip

Cuando el pensamiento nacional comenzó a analizar la política argentina, generó nuevos conceptos que formaron parte de una terminología que tomó masividad popular.
Dado que el documento nacional de identidad de esta corriente es el peronismo, el mismo generó escritores y sociólogos que, a través de su talento, impusieron términos que estaban alojados en el arcón de los recuerdos o que formaron en su imaginación.
En esta corriente es muy común escuchar términos como gorila, vende patria, cipayo, tilingo y otario, entre los que generan más rating.
Según la Real Academia española, cipayo es el secuaz a sueldo, quizás sinónimo de mercenario, pero también un cipayo es el soldado indio de los siglos XVIII y XIX al servicio de Francia, Portugal y Gran Bretaña.
En Argentina, los cipayos son ejes mediáticos. Si usted quiere ponerle nombre y apellido al concepto podemos nombrar a Prat Gay, Mariano Grondona, Marcelo Bonelli, los integrantes del liberalismo por citar algunos. Son aquellos que promueven acciones políticas para favorecer a cualquier gobierno extranjero en detrimento de su patria.
Es muy común escuchar el término gorila. Se utiliza para nombrar, con cierta simpatía, al antiperonista. Su creador, el comediante Delfor no tuvo intención alguna de establecer este mojón político.
En 1955 se estrenó en la Argentina la película Mogambo. Sus protagonistas Clark Gable y Ava Gadner desarrollaban una historia en la selva, y en una escena de peligro y suspenso Gable, con un rostro de Ava tembloroso, llamó la atención de su compañera advirtiendo el peligro con la frase “deben ser los gorilas, deben ser”.
Ni lerdo ni perezoso, Delfor utilizó esa frase para su obra de teatro en la calle Corrientes y luego en su programa de radio “la Revista Dislocada”. El éxito fue tal que la gente comenzó a repetir esa frase entendiendo que se podía mencionar a un movimiento opositor al gobierno. Cabe recordar que 1955 es el año en el cual Perón es desalojado del poder por los militares o por los gorilas.
El tilingo es muy usado por Arturo Jauretche, al igual que cipayo. Tilingo, según el Escasa Calpe, es un argentinismo que dice de un hombre insustancial, ligero y que habla muchas tonterías. Hombre sin fundamentos.
“Usted lo conoce al tilingo, ahí lo tiene al lado, en esta mesa de un café céntrico donde se han sentado cuatro o cinco tipos con portafolios. Algún día habrá que escribir la historia del hombre del portafolio”, cuenta Jauretche en una nota a la revista Confirmado.
“Hubo la etapa de la posguerra con los “ingenieri” italianos recién llegados que escondían bajo el cuero, con una sugestión de planos y patentes de invención, el sándwich de milanesa del almuerzo. Sentados en la mesa del café y a la espera del asunto hablan de economía, política, futbol y carreras. No faltará quien diga “lo que pasa es que los obreros no producen””, ahí está el tilingo.
Que un tipo que no produce diga, en una reunión de tipos que no producen que no producen los únicos que producen algo, es tilinguería.
Holdouts, es un término relativamente joven. Sirve para indicar a los fondos especulativos. En realidad, son los fondos buitres pero como muchos cipayos de la política argentina no dan a basto con su servilismo, llaman a la banda de Paul Singer, el especulador más famoso, líder de los holdouts. Claro, si lo escucha alguien sin interés o sin formación, este Paul Singer puede pasar hasta por un cantante o actor famoso. Pero en realidad, habría que mencionarlo como en el barrio: ladri o sino como algunos periodistas olvidados del cipayismo, fondos buitres.
También es muy mencionado en esta corriente el término oligarca. Alguien que pertenece a la oligarquía, y Aristóteles definió a este concepto como el gobierno de ricos. Para ser más claros, es la minoría que ostenta el poder político.
Otra palabra muy usada por Arturo Jauretche es el medio pelo. De hecho, una de sus principales obras se llama “El medio pelo en la sociedad argentina”. Para empezar debemos derribar un mito, medio pelo no es sinónimo de clase media. Según el hombre de Lincoln, el medio pelo procede de dos vertientes, los primos pobres de la alta clase y los enriquecidos recientemente. No son trabajadores ni clase media. Y es aquel que trata de aparentar un status superior al que en realidad posee.
Raúl Scalabrini Ortiz donó un término al pensamiento nacional, otario. El hombre tonto, necio y fácil de engañar. Surge de una historia que el pensador títuló: “República de Otaria” y cuenta como sus habitantes, los otarios, aceptan una economía para su gobierno muy perjudicial y que no entienden su efecto. Para ejemplificar, Ortiz describe el gobierno de Menem sin haberlo conocido y dice que “el que se conforma con ese estilo de gobernar, es un otario”.
Hace algunos días, la presidenta Cristina Fernández lo mencionó cuando dijo: “Muy pocos hablan del rol del estado por que se hacen los otarios, y exigió a los precandidatos hablar de números y presupuestos. Piensan que nosotros somos los otarios, pero desde hace años que dejamos de chuparnos el dedo”.
Sabiendo y comprendiendo ésta terminología, es de esperar que el lector no sea un gorila, con dotes de cipayo, con un carácter tilingo que provenga de la oligarquía y hoy pertenezca al medio pelo.

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