
No importa cuál será el juramento “bíblico” que escojan algunos de los nuevos diputados/as para asumir sus bancas como legisladores nacionales, basta con que una sola, la Patria, esté presente en esa frase donde empeñarán la palabra y el honor, justo cuando el país atraviesa por una de las mayores crisis económicas con saldos escalofriantes de pobreza de la historia la Argentina. Hoy el mandato, el reclamo y el compromiso deben ser, legislar por la Patria.
Hoy miércoles 4 de diciembre se inscribe en los anales de la historia legislativa de la nación como un día particular, porque quienes asumen como nuevos diputados/as o los que ratifican sus bancas en la Cámara de Diputados de la nación tienen la misión de producir leyes para acompañar un cambio de modelo económico que, por su corte neoliberal, fracasó como en otras épocas, y ha dejado a una Argentina hundida hasta el cuello en el pantano, si es que cabe la imagen utilizada por el presidente electo Alberto Fernández, cuando expresó sentir que estaba caminando “sobre un pantano”. De ese desastre sólo se sale con la labor consciente y cívica de quienes recibieron los votos de sus conciudadanos para representarlos fielmente en el poder legislativo. Lo mismo cabe a quienes serán elegidos como nuevas autoridades de la Cámara baja.
Lo ideal sería que los diputados /as sin importar el color político que representen, no abonen más el terreno de la grieta y en su accionar por el bien común, y por la Patria que es la que ha estado en peligro, sumen sus mejores esfuerzos para que se llegue a acuerdos permanentes frente a los próximos pedidos que haga el nuevo gobierno, una vez que asuma al frente del Poder Ejecutivo.
De lo que se trata es de poner en pie a la Argentina, sacarla del pantano y si todos entienden que ese es el reclamo, deberían empezar desde el primer día a dejar de lado las diferencias de criterio y permitir que predomine el pragmatismo para unificar posturas y garantizar que haya consensos por el bien de todos, que es finalmente el bien de la Patria.



