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Sociedad

El Eterno Retorno

Emmanuel Pedra

La película argentina “La odisea de los giles” cumple su cuarta semana en cartelera y supera el millón de espectadores. Aplaudida en el festival de cine de Toronto y con buenas críticas en los medios norteamericanos, promete instalarse como una de las aspirantes latinoamericanas a los Oscar 2020.

Orson Welles solía decir que para hacer una buena película se necesitan dos elementos fundamentales: un buen libro y un buen actor. Ninguna receta es mágica, siempre puede salir mal. Pero en este caso, casi que se cumple la regla. No solo por la presencia de Darín como garantía comercial sino y, sobre todo, por el tema que se pretende contar.

El film, basado en una novela de Sacheri, combina dos ideas claras: la venganza (o justicia por mano propia) y la crisis financiera del año 2001 en Argentina. La primera, resulta conocida. Sobre todo porque es un tema en agenda. Abundan noticias sobre ladrones que son apresados por los propios vecinos o sobre familiares que vengan alguna muerte cercana a los tiros. La segunda, un poco más alejada en el imaginario, recupera las sensaciones de angustia e incertidumbre de aquellos días. El “corralito” resurge de las tinieblas como un fantasma que acecha y se convierte en el leitmotiv de los personajes.

Resultan inevitables, en momentos de crisis política y económica, las analogías y comparaciones. El 2001 se convirtió en ejemplo de lo que sucede si las cosas se hacen mal. Es el arquetipo del error y la desidia, el punto de inflexión en el vínculo entre el pueblo y los gobernantes. Pero fundamentalmente, es el recuerdo de una sociedad aplastada por los intereses de los poderosos.

Algunas manifestaciones artísticas intentan recuperar, en el mejor de los casos, las vivencias (y dolencias también) individuales o colectivas. Y es en ese momento cuando el arte se vuelve comercio, industria, expresión de uno o varios que identifica a muchos. Nos hace participes de una emoción; nos ayuda a transitar el dolor o la alegría en compañía de un extraño que se hace prójimo.

Es por todo esto que la película resulta exitosa. Más allá de la estética o la dirección, su acierto es empatizar. Hurgar en el inconsciente de cada quién para llegar a una conciencia colectiva del pasado. Una especie de máquina del tiempo al servicio de la memoria.

La venganza de “los giles” es la representación más pura de lo que haría cualquiera en nombre de la justicia. Es la unión de extraños reclamando por una estabilidad social, salarial, alimentaria. Es el argumento principal de un país que repite su historia y que espera que el final no sea el mismo.

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