53ª Reunión Ordinaria del Congreso de la Federación de Obreros y Empleados de la Industria del Papel, Cartón y Químicos
Hotel “El Libertador”, La Falda, Provincia de Córdoba
1º de noviembre de 2017
Documento Final
La fortaleza de la organización de los trabajadores garantiza sus derechos
El electorado argentino dio una nueva oportunidad al actual gobierno nacional, puesta de manifiesto a través de las urnas. Ese voto seguramente refleja la esperanza de que la realidad mejore para todos. Esperamos que quienes dirigen el destino de nuestro país sepan estar a la altura de las demandas de la ciudadanía. Pero deben comprender que el voto de confianza obtenido no es un cheque en blanco. Y que no somos un pueblo necio: tenemos historia y memoria. Creemos que para que un país salga adelante, debe considerarse la situación de todos los sectores que integran su sociedad, empezando por resolver los problemas de los que menos tienen. Por ello, no puede haber acuerdo nacional ni pacto social si en la mesa de la concertación sólo se tratan ajustes que afectan a la clase trabajadora, a los desocupados y a los jubilados. Los trabajadores no queremos ser convidados de piedra; queremos poner en la mesa la discusión de nuestras preocupaciones y necesidades.
En un contexto donde no se logra dominar la inflación, la primer noticia posterior a las elecciones ha sido la liberación del precio de los combustibles, un incremento que se ramificará hasta los bienes y servicios de consumo básico, y agravará la conflictividad en la próxima negociación paritaria que cada gremio discuta. Y desde el propio Gobierno, como respuesta a esa suba de combustible, el Banco Central decidió subir nuevamente la tasa de interés financiero, enfriando aún más la economía. Nos preguntamos si hay falta de coherencia o una gran improvisación.
La presente situación de la industria nacional es alarmante, como consecuencia de las políticas implementadas en los últimos dos años, pero aún más para nuestro sector, la actividad celulósica papelera. Con sobrado potencial para alcanzar un gran dinamismo económico industrial y ser generador de divisas genuinas para el país, sin embargo sufre un abandono generalizado de inversiones por parte del empresariado. Y también, por décadas, ha sido completamente desatendido como industria estratégica por los distintos gobiernos que se han sucedido. Para poner en marcha al sector no hacen falta sistemas de productividad ni flexibilidad laboral que lo vuelvan competitivo, sino que el empresariado invierta, actúe de buena fe y con responsabilidad social.
Este Congreso señala que no puede haber reformas laborales de ninguna índole, porque primero deberíamos tener consolidada una industria responsable de sus acciones, que no utilice la quiebra fraudulenta como método de cierre de fábricas, para retirarse evadiendo obligaciones y sin poner en riesgo las ganancias obtenidas.
Basta de esconderse bajo el argumento de la “industria del juicio”. Si se multiplican las acciones judiciales, los únicos responsables son los empresarios, que manteniendo sus medios de producción en absoluta precariedad por falta de inversión, mutilan anualmente a miles de trabajadores y hasta los condenan a perder la vida.
Rechazamos los despidos producto de la incorporación de nuevas tecnologías. La inversión que se requiere para poder competir no debe orientarse a reemplazar trabajadores por robots, sino a la instalación de maquinaria que aumente drásticamente el volumen de producción, y que se encuentre equipada con los elementos de seguridad necesarios para evitar accidentes. De otra manera, la industria celulósico papelera nacional continuará su agonía, produciendo lo mismo con menos puestos de trabajo.
El sistema de salud nos preocupa. Si pese a todas las advertencias en contrario, se impulsa una baja de los costos laborales desfinanciando el sistema solidario de obras sociales sindicales, entendemos que entonces el Estado Nacional deberá hacerse cargo de lo que éstas ya no podrán brindar a sus asociados. No estamos defendiendo la mítica “Caja de las Obras Sociales” sino, como lo hicimos toda la vida, la salud de los trabajadores y sus familias.
Queremos que el Estado Nacional se ocupe de las necesidades más urgentes de los habitantes de la Argentina. Que no distraiga su gestión con preocupaciones cargadas de ideas equivocadas sobre la democracia sindical. La democracia sindical existe en nuestro país. Nos permitimos aportar esta tranquilidad al Gobierno nacional: si los trabajadores afiliados evaluaran en algún momento que se requiere reformar la estructura de sus organizaciones, o si consideraran que sus dirigentes no pueden permanecer en sus cargos por un lapso indeterminado de tiempo, o cualquier otra cuestión propia de los sindicatos que los representan, que no queden dudas: lo debatirán en sus asambleas y modificarán sus estatutos.
La dirigencia sindical está siendo castigada cruelmente mediante generalizaciones sobre casos puntuales. Muchos compañeros, en todos los niveles de cada organización, ponemos el cuerpo y alma para enfrentar a diario multitud de problemas laborales, gremiales y sociales que no pueden esperar para su resolución. Quien haya abandonado la práctica comprometida de la doctrina sindical, haciendo de su posición un medio para satisfacer sus apetencias personales, tendrá que rendir cuentas ante el tribunal de los trabajadores que le confiaron su mandato y el de la Justicia. Como dijo Perón, la organización genera sus propios anticuerpos para expulsarlos.
Sólo la fortaleza de la organización, lograda a través de la unidad, la lealtad y la solidaridad de todos los trabajadores, nos permitirá garantizar nuestros derechos y nuestra dignidad.
Leído y firmado en la sala de deliberaciones de la 53º Reunión Ordinaria del Congreso de la Federación de Obreros y Empleados de la Industria del Papel, Cartón y Químicos, Hotel “El Libertador” de la Ciudad de La Falda, Provincia de Córdoba, en el 1º día del mes de Noviembre de 2017.



