Exprimidor Político
Se armo…!: Parece ser la frase favorita en terruños de Miguel Pichetto. Como es de público y notorio conocimiento, el gobernador Alberto Weretilneck se pasó a las filas de intendente de Tigre, Sergio Massa. Weretilneck le debe el sillón de la primera magistratura provincial a Carlos Soria, porque tras la tragedia de la muerte del ex gobernador, asumió en lugar de éste, y desde ahí el traje le encantó. El acuerdo desde entonces en la provincia de Río Negro, marcada por la tragedia para los peronistas (Soria ganó las elecciones provinciales, después de 28 años de mandatos radicales y en un mes no sólo mataron al gobernador sino que dividió a los peronistas y para colmo de males asume el vice –Weretilneck- que no es “del palo” sino que proviene del Frente Grande) fue tras la bajada de línea presidencial de que se respetara la constitución. Weretilneck al sillíon, y el senador Pichetto seguía la gestión realizando además el control del pacto: respetar la constitución pero también lo que el pueblo eligió en las elecciones, un gobernador peronista. Y para un peronista no hay nada mejor que otro peronista. Y esto recién empieza…
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El que no llora…: El problema no sólo es a nivel local. Como es lógico, durante este tiempo, Weretilneck fue tejiendo y ganando adeptos algo natural cuando se tiene el poder. Se fueron dividiendo las aguas, en “pichetistas”, “albertistas” y “soristas”, cabe recordar que Martín Soria, el hijo del ex gobernador Carlos Soria es intendente de General Roca, una localidad valletana importante, cabecera en términos de producción frutícola. De allí salieron tres gobernadores. Soria hijo, se batió a duelo con el gobernador Weretilneck, tras fisuras que comenzaron mucho tiempo atrás, cuando el gobernador decidió ignorar al hijo de su antecesor, a la hora de reunirse con intendentes. La llegada directa de Soria hijo con Miguel Pichetto, logró permeabilidad y recursos del Gobierno Nacional. Alianza, no menor, ya que Pichetto tiene en cuenta un Soria para la fórmula del 2015, y no sería Martín.
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Se veía venir…: La relación entre Pichetto y Weretilneck fue pasando por distintos matices, y más allá de los pedido de Cristina incluso con bromas de por medio en actos públicos en la Casa Rosada para mantener el equilibrio siempre fue tensa. El gobernador hizo una profunda limpieza de empleados públicos designados por Carlos Soria, luego la presión fue hacia el hijo de Pichetto, Juan Manuel quien había sido nombrado ministro de Producción y terminó presentando su renuncia al cargo por temas de “coyuntura” según lo definió. Pero a ciencia cierta la gota que rebalsó el vaso fue la concesión con la multinacional Petrobrás. Fueron varias voces del oficialismo que se alzaron en contra de esa renegociación en forma directa, que el mismo gobernador llevaba adelante y de la cual se oponían férreamente Pichetto y Soria. Esto no fue bien visto por Alberto que pegó el portazo y se fue con Massa, hábil si los hay realizó varios encuentros en la región captando dirigentes.
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La pinta es lo de menos…: No todo termina en el pase del gobernador rionegrino a las filas del massismo para el oficialismo. Sino el riesgo en materia númerica en la Cámara de Diputados. Hernán Avoscán y Luis Bardeggia, se irían del FpV al igual que su jefe político. Si a eso le sumamos, el coqueteo de Martín Insaurralde con Massa, más otras fugas que pueden producirse, la intranquilidad es la “mise en scene” (puesta en escena) del FpV por estas horas cuando el próximo plato fuerte del Gobierno es la Ley de Hidrocarburos, que aún no empezó a analizarse en el Congreso y de la que ya manifestaron su disconformidad los gobernadores de las provincias petroleras que integran la OFEPHI.



