La interrogante que da título a este comentario, sugiere una ironía desgarradora acerca de un fenómeno social, del cual los argentinos no estamos exentos de padecer, ante el avance arrollador de las políticas neoliberales del actual gobierno que tienen cercado al ciudadano común. Me refiero al suicidio.
Por Margarita Pécora
¡Si siguen apretando la soga, podría venir una ola de suicidios!- fue la expresión escalofriante que le tomé en la puerta del edificio, a una anciana vecina de ascendencia gallega que volvía con el carrito semi vacío del Súper.
Y esta analogía me trasladó imaginariamente a lo ocurrido en España en medio de la crisis. En el 2015, se engrosó la lista de suicidios relacionados con la debacle económica en el país ibérico, donde el suicidio es la primera causa de muerte no natural (también denominada causa externa o no debida a enfermedad.
Solo voy a colocar un ejemplo dentro de los cerca de diez suicidios que ocurrieron en Zaragoza, el año pasado: Un vecino, de 62 años, del barrio de L’ Almozara se suicida el día anterior a la fecha señalada para el lanzamiento de su vivienda de alquiler, tras verse obligado a dejar de pagar las cuotas mensuales del alquiler por su precaria situación económica.
Y este no es un ejemplo traído por los pelos ni mucho menos. Es una señal de alarma que debemos observar preventivamente, sobre todo ante la catarata de despidos y anuncios sobre incrementos de tarifas de precios de alimentos, combustible, electricidad, y ahora alquileres, que se suceden en la Argentina, sin dar respiro a las personas, que van pasando de un estado primario de preocupación, ansiedad, disgusto hasta llegar a la angustia suprema donde la copa se rebalsa y acude el miedo insuperable.
Quienes más vulnerables están en estos casos de depresión hoy día, son sin lugar a dudas, las decenas de miles de argentinos despedidos de la noche a la mañana, sin tener nada que ver con los eufemísticos ñoquis con los cuales los metieron en el mismo saco, dejando afuera, libres de culpa, a los funcionarios de Recursos Humanos que firmaron esos contratos.
Este ejército de desempleados hace días está en casa, retorciéndose las manos, sin saber cómo llevar el dinero para el sustento de la familia.
El sector inmobiliario se suma al cataclismo. Al consultar la página Eleconomistaamerica.com, encontramos evidencias de denuncias y reclamos de inquilinos por subas del 40 % anual de alquileres, donde éstos aseguran que las renovaciones de contratos son abusivas por parte de los propietarios”.
“Entidades de defensa a los consumidores denuncian subas del 40% para renovar alquileres y falta de control en contratos. El referente de la organización «inquilinos agrupados», Gervasio Muñoz, afirmó que «no hay controles en los contratos de alquiler ni el mercado inmobiliaria», al denunciar aumentos en las renovaciones «que van entre 40% y el 60%» e «incrementos semestrales entre el 15% y el 20%».
«En la Ciudad de Buenos Aires somos casi un millón de inquilinos y en la Argentina más de 5 millones, es una tendencia que viene subiendo año tras año», indicó Muñoz para graficar la dimensión del problema. Precisó que en territorio porteño «desde noviembre y suponemos que hasta marzo se ven aumentos en las renovaciones que van entre el 40% y el 60% que tiene que ver con la especulación de la situación económica».
También la misma fuente registra las justificaciones de la Cámara Inmobiliaria Argentina (CIA), y pone en boca de Tomas Marolda, la razón de los aumentos de hasta 40 por ciento en la renovación de los contratos de alquiler del sector a la inflación registrada en «los dos últimos meses y medio».
Ante tantas malas noticias para el ciudadano común, que ya se ve cercado por el enemigo neoliberal, por todos lados, solo cabe una pregunta: ¿quedará dinero para comprar la soga?