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Fervor de Buenos Aires-Por Garcilazo

Si bien hay profusa documentación gráfica y fílmica de la visita de Fidel CASTRO a Chile a fines de 1971 y a pesar que algunas charlas con Salvador ALLENDE fuera de protocolo han sido grabadas y difundidas, no me cabe duda que el líder cubano a solas le debe haber dicho: “cuídate y reprime antes que la derecha te voltee”. Surgen de esas filmaciones algunas preguntas de Fidel como ser: “¿cuál es tu relación con el pueblo?” “¿de qué manera respondes a tantas presiones?”. A menos de dos años de esa cumbre caía derrotada la Unidad Popular, dando paso a la feroz dictadura de PINOCHET.

Siempre dijimos que en muchos casos “la democracia puede esperar”, sin llegar al autoritarismo los gobiernos surgidos por el voto popular deben poner límites, a mano firme, precisamente para mantener logros y espantar acechanzas que conspiran con el orden constitucional. Los consejos de Fidel no fueron escuchados por Salvador y Chile padeció una represión que dejó miles de muertos con un total retroceso institucional, convirtiéndose en un país dividido, temeroso, con dirigentes reaccionarios y clasistas. Deberán pasar 100 años para que se comprenda el valor de aquella gesta popular, emergente de una tradición democrática que se destacaba en América Latina, pero eso será cuando ya nadie quede vivo y los hijos alejados de aquel odio puedan correr el velo histórico.

Los argentinos subestimamos aquellos procesos, acostumbrados a mirar a Europa le dimos la espalda al Pacífico, prefiriendo la calidez del Atlántico, cuya bruma vasta y ancha nos impedía ver claramente el horizonte. Esa lección debió cundir en nuestros gobiernos peronistas de 1973, primero CÁMPORA y luego PERÓN, para no caer ingenuamente en el golpe de estado de marzo de 1976. Las democracias populares carecen de vigor para defenderse, no es necesario llegar a la represión ni olvidar los principios constitucionales, pero no nos podemos entregar tan mansamente a los caprichos de la derecha.

Hoy en la Argentina padecemos un gobierno tiránico, que escudado en elecciones democráticas, gobierna ferozmente a espaldas del Poder Legislativo, amparado en un judicial que por tradición, mandato y formación, siempre compartió los principios sectarios que hoy son bandera del ejecutivo. Un pueblo infectado de falsas informaciones y denuncias, distraído en programas periodísticos prostibularios y concursos danzantes pornográficos, se entregó mayoritariamente al verso asfixiante y paralizante de creer que con su propia muerte exaltaría la vida, no es ninguna metáfora, el propio PAPA dijo que el capitalismo mata (primera exhortación apostólica “La Alegría del Evangelio”).

No viene al caso mencionar innumerables hechos y circunstancias, porque hay que detallarlas una por una para comprender su magnitud destructiva y avasallante, lo que aquí interesa es cómo se debe asistir a una falta de respeto institucional tan grave y explicárselo a quienes se han negado a ver una realidad palpable. Parafraseando a BORGES y olvidándonos de sus inclinaciones políticas, “a mí se me hace cuento que MACRI sea presidente, aunque no lo juzgo tan eterno como el agua y como el aire”.

GARCILAZO

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