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Cristo en la Argentina-Por Kurt Wilkens

Finalmente Cristo llegó a Buenos Aires. Entró por Recoleta. Caminó por Coronel Díaz, en ojotas y bendiciendo a quienes se acercaban. La gente comenzó a rodearlo. Hasta que un porteño, bien vestido, con porte señorial se le plantó y llamó su atención.

-Señor, has retornado, le espetó, para luego arrodillarse.

-Así es hijo, ya di la vida una vez y hoy retorno a la Tierra. Quiero caminar entre los que más me necesitan.

-Señor, estás en un error. Tu GPS se habrá equivocado. Estamos en Recoleta, un barrio acomodado y tenemos de presidente a Macri. Nosotros no te necesitamos.

-Te equivocas hijo, ustedes me precisan, ustedes sólo recuerdan a Dios 45 minutos en una misa, un hecho cultural para ustedes y nada más.

-No entiendo, dijo el porteño.

-A ver, ¿Vos me conoces bien?

-Por supuesto, diste la vida por todos nosotros.

-Sí, pero tenés en tu memoria que yo nací, vinieron los reyes magos, hice milagros y morí en la cruz.

-Y sí.

-Entonces no entendiste nada.

-¿Por qué?

-A ver,  te lo explico de una y te hablo como acá para ser claro y que entiendas, ¿Okey?

-Sí, maestro.

-Yo nací, vi a los reyes magos en vivo y en  directo y cuando llegué a la adultez comencé a militar.

-¿A qué?

– A hacer campaña, ¿Qué es lo malo?

-No, nada, es que acá y ahora la militancia es grasa, corrupta y está mal vista, afirmó el porteño.

-En fin, ¿Puedo continuar?

-Sí maestro

-Yo pregonaba el bien en contra del mal, ¿Así está bien?

-Ahora sí.

-Bien, hablé con la gente, convencí a algunos y lo sumé a las filas del bien. Ahora se dice afiliar, ¿no?

-No maestro, esa palabra también está mal vista.

-Ok, sigo. En mi marcha hice milagros, digamos que actos de campaña.

-Maestro, eso tampoco se dice.

-¿Sigo?

-Si, si.

-Bueno, multipliqué panes, pescado y vino.

-¡Qué horror! ¡Emborrachó a la gente!

-No hermano, me junté con gente necesitada. Le di de comer y beber. Y no vengas con la gilada de que hay que darle la caña al pobre para que pesque. Eso no es de cristiano.

-Pero maestro, siempre supimos que la gente honesta se gana lo que consume, nada se regala.

-A ver, vamos de vuelta. Si hoy entra en tu barrio, un tipo barbudo, mal vestido, se acerca a los pobres y les regala comida y ropa, ¿Qué pensás que es?

-Y si no es de la Cámpora es comunista seguro, póngale la firma.

-Viste como me precisan en Recoleta. Yo llegue al mundo y de grande armé una orga con Juan el Bautista y salimos a militar por las calles de Belén. En campaña, dimos de comer y beber, llevamos alegría a gente sufriente y que luego nos siguió y ¿Cómo terminó la historia? Yo en la cruz, no tenia documentos, por un DNU de Poncio Pilatos y al lado de Barrabas. ¿Y que hizo la clase media y no el pueblo cuando Macri, digo Pilatos, preguntó a quién salvaban? Optaron por el ladrón. ¿Y sabes por qué?

-¿Por?
-Porque el ladrón devolvió lo robado, era un ladrón, en cambio yo, venía a cambiar el sistema.

-Esa es la historia real y no la de la cruz detrás de la cama o en una iglesia donde me rezan olvidándose que existen los diez mandamientos.

-No maestro, yo sé cuáles son los 10 mandamientos.

-Entonces, ponelos en práctica. Por ejemplo, amar al prójimo y no discriminarlo porque es pobre. No mentir, o sea, no sigas los dictados de Magneto, y no desear la mujer de tu prójimo ni tu prójimo. Si cumplís esos, me conformo. ¿Entendés ahora por qué bajé en Recoleta?

-Sí maestro.

 

 

 

 

 

 

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