Richard Kimble es el hombre que es perseguido por un crimen que no cometió. Ese médico viudo busca al hombre manco, el asesino, pero el Teniente Gerad persigue a Kimble a lo largo de toda la serie. Esta novela norteamericana de 1963 se parece mucho a la actualidad nacional.
Cristina es perseguida por un crimen que no cometió. El teniente Gerard, alias Macri, la acusa de haber asesinado una economía, un país, una época. El arma fue el relato y la consecuencia, una grieta insalvable.
Cristina es inocente, ella sigue buscando al hombre manco, pero Gerad la sigue a sol y a sombra. La culpabilidad de la fugitiva la demuestra la justicia, la misma que condenó Richard Kimble, pero todos sabemos que esa justicia es manejada y manejable.
Gerard no descansará hasta verla entre rejas. Mientras tanto, las supuestas víctimas, la mitad de la población, la extrañan y creen en su inocencia.
El asesinato de la Nación está en vías de perpetrarse. Un ajuste justificado y alabado por el sistema actúa como arma a repetición contra millones de inocentes víctimas. Hombres sin trabajo, mujeres angustiadas y niños sin Papá Noel ni Reyes son una muestra del peor fin de año de los últimos trece almanaques.
El fugitivo sigue escapando del entramado de la justicia. El teniente Gerard no descansa en su búsqueda pero todos le creemos a Richard Kimble, también a Cristina.
El hombre manco debe aparecer. Y a diferencia de la serie, hoy existe ese hombre capaz de unir al peronismo y detener a Gerard. Con su aparición en escena puede detener un linchamiento público hacia alguien acusado de un crimen que no cometió.