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Las Plazas-Por Gabriel Princip

El 9 de diciembre el peronismo se autoconvocó para despedir a Cristina Fernández de Kirchner. El 10, Mauricio Macri asumió. La plaza de Mayo fue testigo de los dos hechos políticos más importantes de los últimos tiempos.

Cristina le habló a 700 mil personas, aunque la Metropolitana adujo que había 50 mil. Emocionó a una multitud con lágrimas en los ojos, que decía “Gracias” por diferentes motivos. Carteles alusivos al voto a los 16 años, a la jubilación de ama de casa, la justicia social, el plan Procrear, la dignidad, Néstor, la soberanía política, pintaban la escenografía de esa plaza.

Banderas y pancartas de diferentes corrientes políticas, ausentes en su mayoría los sindicatos, también los cantantes, presentes sí los actores y fundamentalmente, la familia. La célula principal de la sociedad estaba amuchada en La Plaza y calles aledañas.

Y ahí está la diferencia: era asfixiante la permanencia en ese lugar histórico. Para tratar de medir en tiempo y espacio la cantidad de gente, alcanzó con caminar desde la Pirámide de Mayo hasta la calle Florida. Duración del trayecto: 45 minutos.

Al otro día, en el mismo camino el tiempo estimado no llegó a 10 minutos. Ahí se terminaba la mentira, “que toda la gente estaba con el Presidente y que algunos militantes presenciaron el acto de despedida de Cristina Fernández”.

El mensaje de Cristina como siempre, emocionante, irónico y con contenido dirigido a un público con características similares.

La gente que saludó a Macri, portadora de una bandera, gritaba su apellido e insultaba a Cristina. Quizás el día que le saquen el insulto al militante PRO, quedarán mudos.

Ante las cámaras de televisión las dos plazas estaban colmadas. Cuando se hacía una toma de arriba se desnudaba la inconsistencia conservadora que todavía depende del radicalismo para que aporte banderas y militantes.

Macri asumió, Cristina está en Santa Cruz. Ya comenzó el periodo conservador y prontamente se estigmatizará al kirchnerismo. Pronto los medios comenzarán a repetir, “estamos quebrados, no hay plata, hace falta un ajuste, la ayuda del exterior”, etc. Comenzó el vaciamiento cultural, el primer paso para la entrega total del país y redondear la idea de que “ser colonia no es tan negativo”.

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