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Macri Presidente-Por Gabriel Princip

Macri en el sillón de Rivadavia es una probabilidad. Macri un buen presidente es una utopía. Pero de llegar a la Presidencia, la clase media saldrá a festejar a la Plaza de Mayo munido de su globo amarillo, a gritar, a escuchar música de Queen y degustar sushi. Nada menos nacional que el público cautivo de este dirigente.
De todas maneras, con un gobierno del tandilense aporteñado, la devaluación es un hecho al igual que el ajuste y el congelamiento de la economía. Se le puede sumar, según adelantaron sus asesores, más edad para jubilarse, caída de programas sociales y una situación económica similar a los 90’, con pinceladas de la Alianza.
Y el militante de la clase media se enorgullece de votarlo. Le están avisando que van por él, y contento vota a Mauricio porque “hay que echar a Cristina y a los K corruptos”. No entiende que el candidato no es Cristina sino Daniel Scioli.
Pero, ¿Por qué reacciona así el habitante de la media clase si sabe que su sueldo se desmorona y sus compras a crédito pasan a la historia?
Arturo Jauretche en “El medio pelo en la sociedad argentina”, afirmó que “esta gente está habituada a reverenciar la prosperidad de los cipayos, de las castas de lujo, los negociados entre las altas figuras nativas y los rubios representantes de los imperios, y cada uno siente celos de la prosperidad del otro, sin fijarse en la propia. Es un viejo fenómeno que ya lo vimos en tiempos del radicalismo, aunque en menor escala, nadie le lleva la cuenta a los automóviles ni a los trajes de un Anchorena o de un Álzaga, ni al míster de la sociedad anónima extranjera, porque se parte del supuesto de que nació para tenerlos. Pero todos se alborotan por el nuevo pantalón del inquilino de la pieza 31”.
Quizás éste párrafo sea el que describe al votante del globo amarillo. Haciendo un rastreo por internet y visitando sus sitios encontramos en cada militante liberal alguien sin contenido, escasamente cristiano y fanáticamente católico. Entiende al Papa Francisco y comprende que la recibe a Cristina como Jesús escuchaba a María Magdalena.
Su estilo reaccionario hace que no le importe el caos económico que sufrirá, con tal de encontrar un gobernante que “eche a los vagos, a los negros” y se vuelva a un estilo de vida de gente como uno.
Siguiendo el mismo libro de Jauretche, podemos encontrar a otro votante amarillo y es cuando habla del medio pelo. “Ésta gente, por su procedencia, es de clase media, pero psicológicamente ya está disociada de la misma. Económicamente también, podría hablarse respecto de ella de clase media alta, pero su comportamiento difiere de lo que se ha tenido por tal, ya que sus recursos y su manejo se salen del tradicional conservadorismo ahorrista que tipifica ese nivel de la clase media, y de la discreción en la exteriorización de su prosperidad. Es ostentosa como corresponde a la burguesía. En realidad, es la burguesía incipiente de un país que comienza a construir su propio capitalismo. Pero la cuestión es que no quiere ser burguesía y rehuyendo el status adecuado entra en la simulación de otro que no le pertenece. No es ni fu ni fa, ni chicha ni limonada”.
Quizás Don Arturo se extendió en demasía para calificar a un conservador, hoy en las filas de Macri. Scalabrini Ortiz hubiera dicho de Mauricio, es el mejor presidente que pudo tener la Republica de Otaria y que gracias a los otarios se sostiene por un rato en el poder.

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