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Golpe al pensamiento nacional – Por Gabriel Princip

Entre 1976 y 2003 hablar del pensamiento nacional en Argentina era como encontrar un poster del campeón de Polo en la revista El Gráfico. Los grandes pensadores solamente habitaban las bibliotecas poco utilizadas en ese transcurrir. Pero la llegada del matrimonio K al poder hizo revivir el peronismo original y, por ende, la idea nacional.
Otra vez se volvió a hablar de Arturo Jauretche, Hernández Arregui, Scalabrini Ortiz, Discépolo, Homero Manzi y los contemporáneos Claudio Díaz, Hernán Brienza y Francisco Pestanha. También se incluyó a Felipe Pigna y los trabajos de Roberto Caballero. El volver a vivir una Argentina casi ideal no tuvo precio. Pero fueron vacaciones en el sistema, tan sólo vacaciones.
La sola presencia en segunda vuelta de Mauricio Macri y expectante de llegar a la presidencia rebrotó el pensamiento foráneo. En lo cultural, se amplificó la voz de Hernán Lombardi diciendo que de llegar al poder le cambiarían el nombre al Centro Cultural Néstor Kirchner y que daría de baja la Secretaría de Coordinación del Pensamiento Nacional a cargo de Ricardo Forster.
Quizás la grieta compuesta por el grupo Clarín haya resultado y hoy todo lo que suene a K es sinónimo de pecado o delito. Se escuchan algunas voces para desterrar Tecnópolis y el canal Paka Paka. Los medios dominantes en los últimos días rumbo al balotaje titulan hasta el servicio meteorológico con adjetivos negativos, siempre en detrimento del peronismo.
El clima es espeso. El globo amarillo entró en zona de triunfalismo y una buena parte de la población se entristece por la sola posibilidad de perder derechos conseguidos, más una fuerte devaluación anunciada por asesores amarillos.
Si el gobierno K se referenció en 1946 con Perón en el poder, pareciera que la segunda parte de la Alianza adora al año 1955. El odio, el resentimiento y la ignorancia son elementos subyacentes de su pensamiento.
Quizás sea arriesgada esta comparación, pero si nos detenemos en el pensamiento de los conservadores veremos que sus orígenes datan del unitarismo. Los yupies de hoy con ojos claros descienden de aquellos que fusilaron a Dorrego, exiliaron a Rosas, mataron a Facundo Quiroga, armaron el genocidio de la triple alianza, mataron al 97 por ciento de la población masculina paraguaya, devastaron indígenas y gauchos. También son parientes lejanos de quienes propiciaron la semana trágica en 1919, la Patagonia Rebelde en la década del 30’, la década infame, los seguidores de Braden, la revolución fusiladora, el plan Conintes, la revolución argentina, la triple A, el proceso militar y los fondos buitres.
No pueden negar su parentesco. Y vale la diferencia por que la ascendencia de Néstor y Cristina son Perón, Evita, Rosas, San Martin, Belgrano y Dorrego. Hay una diferencia.
Con Macri en el gobierno, el pensamiento nacional se proyectará nuevamente en el exilio. Difícil entender el gusto de Mauricio por la embajada yanqui, el 4 de julio y la sucesión de tilinguerías que han formateado su vida. Pero más difícil es comprender a sus otarios votantes. Militantes de la clase media, grafiteros de la media clase, revolucionarios del Ciber, guapos del facebook, medio pelo al por mayor y cipayos en grado sumo que hoy son felices de portar un globo amarillo.
Pero la alegría dejara de existir cuando el liberalismo apunte al corazón de sus seguidores: el bolsillo. En ese acto, culminará la luna de miel y el cipayo traicionado comenzará sus charlas con: “Pero al final con la yegua no estábamos tan mal”.
La yegua en Santa Cruz le contestará en el pensamiento diciendo: “tarde compañero, es tarde. Ustedes siempre llegando tarde donde no pasa nada”.

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