Si en los comienzos del gobierno de Néstor Kirchner nos hubieran contado todo lo que iba a suceder, no lo hubiéramos creído. En los últimos doce años, la política sobrepasó a la economía, el pensamiento nacional derrotó a la idea foránea y llegamos al 2015 sin solución de continuidad para que el proyecto continúe en manos de Daniel Scioli.
Aristóteles fue muy reclamado por Carlos Saúl Menem con su definición: “Política es el arte de lo posible”, y así el riojano supo justificar el fracaso noventoso.
Pero después de tocar fondo el país, surgió desde el sur Néstor Kirchner con un nuevo formato. En realidad era modelo 46’, el de Perón, pero como nos habíamos acostumbrado al neoliberalismo no nos acostumbrábamos a otra idea.
Desde el sur, y con Jauretche en la cabeza, llegó al poder. Uno imagina a Don Arturo en el pensamiento de Néstor, pues el escorpiano emblema del peronismo decía que: “La política son todos los sectores sociales que deben estar unidos por el destino común de la Nación. Se hace imposible pensar la política social sin una política Nacional”.
Y así lo pensó el patagónico, muy a pesar de que la época definía otro concepto para los políticos del siglo XXI. Nos parece nuevo, pero ya en la década del 60’ John William Cooke dejaba entrever que: “Ese es el mal de nuestra época. No se hace política de ideas y conductas sino política de personas#. Hoy volvió a instalarse la moda, y si no observemos los hombres de Massa y Macri.
Pero Néstor siguió con su idea nacional releyendo a los grandes de la historia para hacer una nueva Argentina. Pensaba en Jauretche, en Hernández Arregui, en Cooke pero también en Perón. El General resolvía la política de una manera que también supo expresar Néstor. Perón decía: “No es la observación, sino también la intuición, también la apreciación subjetiva actúa en los métodos de acción política”. A lo que Kirchner habrá dicho: “así sea”.
En esta década y monedas, con el retorno superador de la política los K registraron frases y conceptos que se instalaron en el inconsciente colectivo. “Empoderamiento, la patria es el otro, no fue magia, visibilización, mercado interno, el amor vence al odio, campo nacional y popular, unidos y organizados”, fueron los latiguillos más importantes que el kirchnerismo utilizó en su comunicación con el pueblo.
Pero esos sustantivos siempre partían de la política haciendo eje en el pensamiento nacional. Tanto Néstor como Cristina coincidían quizás en forma inconsciente con José Martí. El cubano definió a la política como: “El arte de inventar un recurso a cada nuevo recurso de los contrarios, de convertir los reveses en fortuna, sin que la adecuación cueste el sacrificio o la merma importante del ideal que se persigue, de cejar para tomar empuje de caer sobre el enemigo, antes de que tenga sus ejércitos en fila y su batalla preparada”.
“El fin justifica los medios”, decía Maquiavelo, pero el matrimonio K se inspiró también en Albert Camus cuando expresaba que: “En política son los medios los que deben justificar el fin”.
Y los gobiernos K resultaron exitosos por lo menos para las mayorías que reflejaban su gusto político a través del voto. Incluso lo hicieron extensivo con Daniel Scioli, alguien leal al matrimonio pero ajeno al paladar K puro. En su persona continúa un proyecto que sirve para consolidar el país.
Y la línea afectiva instalada entre Néstor y Cristina con el pueblo, se debe al retorno al auténtico peronismo. A la defensa de las clases humildes, al plantarse frente al poder real y a la instalación de la política sobre el establishment. La política en el mejor sentido de su significado.
Y no optar por los mensajes de terror de la oposición. Sustantivos que desbordaban de adjetivos en la búsqueda del caos y el terror social. Esa forma perversa de hacer política se expresa en los rostros de las diputadas Bullrich, Alonso y Carrió. Que a través de la operación política, la mentira y la irresponsabilidad consolidan sus apellidos en la tapa de Clarín, pero con escaso trabajo parlamentario.
Blindadas y protegidas por Héctor Magnetto habrán pensado la política al igual que Napoleón Bonaparte cuando decía que: “El gobierno debe organizar la educación de modo que pueda controlar las opiniones políticas y morales”.
Doce años de vacaciones del poder real, doce años de Ministros de Economías subordinados al presidente, doce años de crecimiento y docena de almanaques conducida por el pensamiento nacional.
¿Qué más se puede pedir? Si, más pensamiento nacional se puede pedir.