Alguna vez se le escuchó decir al General Perón: “Cuando teníamos los medios a favor, perdíamos las elecciones. Cuando estaban en contra, las ganábamos”. A pesar de la antigüedad de los dichos, cuánta razón tenía el fundador del peronismo.
El gobierno K coincidió con los medios dominantes los primeros tres años. Luego, el conflicto constante. En el medio, las operaciones continuas del monopolio Clarín y sus cómplices para desmoronar el gobierno nacional y popular y gobernar desde la calle Tacuarí.
A pesar del tiempo transcurrido entre la primera presidencia de Perón y la actualidad, los métodos de los medios de comunicación no han variado.
Al escaso estilo democrático que profesa el accionista más famoso de Clarín, Don Héctor el diariero, hay que endosar el resto de medios denominados dominantes.
Rodolfo Walsh tenía conceptos muy claros al respecto. “El periodismo es libre o es una farsa”, dijo alguna vez. Y si, definitivamente es una farsa.
Vergüenza ajena da escuchar al plantel de Canal 13, TN, Mitre y demás adelantando primicias que luego tienen que desmentir, prometer información de primera fuente que se transforma en operaciones políticas y ver la sonrisa que ocupan sus rostros para descalificar cualquier acción de gobierno no conveniente para su patrón.
Siempre se cayó en la trampa de la libertad de prensa reemplazada por la libertad de empresa. Siempre se creyó en el cuarto poder, que se transformó en el poder de cuarta. Siempre se creyó en libertad de expresión más parecida, en algunos casos, a la libertad de operación. Siempre se creyó…
Pero hoy vemos como tenía razón Walsh. Observamos la caída vertical de ídolos de barro de la información, hoy aprendemos como se insulta en inglés en programas de ex revolucionarios convertidos en lobbistas de primera mano.
Las ideas no llegan a transitar el campo de la convicción. Invariablemente son suplidas, el interés económico las ha captado, las ha cooptado. Arturo Jauretche supo decir: “porque los medios de información y la difusión de ideas están gobernadas como los precios en el mercado y son también mercaderías”.
La prensa nos dice, todos los días, que su libertad es imprescindible para el desarrollo de la sociedad humana y nos propone sus beneficios por oposición a los sistemas que la restringen por medio del estatismo. Pero nos oculta la naturaleza de esa libertad, tan restrictiva como la del estado, aunque tan hipócrita, porque el libre acceso a las fuentes de información no implica la libre discusión, ni la honesta difusión y es que ese libre acceso se condiciona a los intereses de los grupos dominantes que dan la versión y la difunden.
“El periodismo es una farsa”, decía Walsh y Don Arturo sentenciaba con “las ideas están gobernadas”. Estos dichos aparecieron promediando el siglo XX. Ya ha transcurrido una década y media del siglo XXI y nada ha cambiado.
Es fácil decir a través de los medios dominantes que el hijo de la presidenta tenía plata en el exterior cuando todo es falso, o que el Papa Francisco sufría a Cristina cuando no es verdad. No es complicado acusar a cualquier enemigo político del monopolio periodístico de cualquier delito que no ha cometido, total nada pasará. La justicia afín a los grupos económicos tampoco actuará.
Recientemente, la justicia italiana castigó al matutino Corriere Della Sera por editar mentiras en contra de Cristina Fernández. El castigo fue el pago de 40 mil euros que inmediatamente la presidente donó al Hospital de niños de La Plata. En la Argentina, si la justicia actuara en forma similar a la italiana, tendríamos cientos de hospitales ganados en juicios por el enorme caudal de falacias propaladas por los medios serios.
Tenía razón Walsh, “el periodismo es una farsa”, porque libre no es. Y si no, pregúntele a Víctor Hugo Morales. Emitió un partido de fútbol por Canal 7 sin autorización y la justicia lo ajustició mediante el pago de 4 millones de pesos. Tenía razón Walsh.