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Arabia Saudita frente a su peor pesadilla: los hutíes

Por  Margarita Pécora B.    –

Lo que estamos viendo hoy en Yemen no es simplemente otro episodio de una guerra olvidada de Oriente Medio. Estamos asistiendo a un cambio de equilibrio estratégico que hace apenas unos años parecía imposible. Hablamos de hombres que durante mucho tiempo fueron presentados como combatientes pobres de las montañas yemeníes, con ropa gastada, sandalias polvorientas y fusiles viejos al hombro, enfrentados a una de las alianzas militares más ricas y tecnológicamente avanzadas del planeta. Sin embargo, aquel movimiento insurgente no solo resistió años de bombardeos y bloqueos, sino que terminó convirtiéndose en lo que es hoy: Los hutìe

Muchos vieron a los hutíes como los fremen de la famosa saga Dune: guerreros del desierto, mal equipados y aparentemente condenados a ser aplastados por un imperio. Pero, igual que en la ficción, aquellos hombres ignorados fueron ganando experiencia, organización y capacidad militar hasta convertirse en una fuerza a la que muchos ya miran con respeto y precaución. Nadie quiere quedar en la mira de la artillería hutí, que ya demostró meses atrás, en el mar Rojo, cómo podía poner en aprietos a los sofisticados buques de la Armada estadounidense.

Los hutíes no son cuatro hombres armados que un día se levantaron diciendo «vamos a desafiar a los poderosos». Ellos ya estaban agrupados en el movimiento Ansar Allah, y hace tiempo dejaron de ser vistos solamente como una guerrilla. Hay quienes atribuyen ese salto militar al apoyo de Irán, pero lo cierto es que los hutíes se han convertido en una estructura organizada, con decenas de miles de combatientes entre tropas regulares, milicias y reservistas, capaces de combinar combates terrestres, drones, misiles y control territorial. Después de años de bombardeos, bloqueos y aislamiento económico, no solo sobrevivieron, sino que pasaron a la ofensiva.

La secuencia de los hechos recientes ayuda a entender por qué Arabia Saudita atraviesa uno de sus momentos más difíciles desde que decidió intervenir en Yemen. La nueva escalada comenzó cuando la coalición liderada por Riad, la capital saudita, lanzó ataques contra instalaciones petroleras y depósitos de combustible en territorios controlados por Ansar Allah. Y quizás no calcularon la magnitud de la respuesta que estaban provocando. Porque la reacción fue rápida y contundente. Los hutíes reivindicaron ataques contra instalaciones vinculadas a Aramco y otros objetivos estratégicos sauditas, enviando un mensaje claro: si Yemen recibe golpes, Arabia Saudita también tendrá que pagar un precio.

Y no se trata solamente de daños materiales. El verdadero impacto es psicológico y económico. Cada vez que una refinería, una terminal energética o un aeropuerto saudita aparece bajo amenaza, los mercados  tiemblan. , el petróleo se mueve, los inversores se inquietan y la sensación de vulnerabilidad se extiende mucho más allá de la península arábiga.

En los últimos meses, además, los hutíes han demostrado capacidad para llevar la guerra más allá de las fronteras yemeníes. Según sus comunicados, han lanzado operaciones con drones y misiles contra instalaciones militares y logísticas sauditas, incluidos aeropuertos y objetivos vinculados al aparato militar del reino. Más allá de los resultados concretos de cada ataque, lo importante es que Arabia Saudita ya no combate a un adversario encerrado en las montañas. Hoy enfrenta a una fuerza capaz de golpear a distancia y mantener una presión constante.

Los avances hutíes sobre la costa occidental de Yemen y su presencia alrededor del estrecho de Bab el Mandeb , les han dado una enorme importancia estratégica. Imaginense que  ese corredor marítimo,  conecta el mar Rojo con el golfo de Adén,  y es una de las grandes autopistas del comercio mundial. Por allí pasan mercancías, petróleo y gas que conectan Asia, África y Europa.

Para Arabia Saudita la situación se  le complica màs, porque coincide con las tensiones en el estrecho de Ormuz. En otras palabras, Riad siente presión sobre varias de las rutas por donde sale su principal riqueza: el petróleo. Es lo que algunos analistas ya describen como una verdadera pesadilla geopolítica.

Mientras tanto, dentro de Yemen continúan los combates contra el gobierno que es  respaldado por Arabia Saudita y otros aliados regionales. La batalla por  Taiz se ha convertido en uno de los principales focos del conflicto. Si esa ciudad terminara cayendo bajo control hutí, muchos observadores creen que el equilibrio militar podría inclinarse aún más a favor de Ansar Allah.

En definitivas, Lo que hoy estamos viendo es que Arabia Saudita, después de años intentando resolver el conflicto por la fuerza, se encuentra frente a una realidad difícil de ignorar: los hutíes ya no son un problema lejano y periférico de Yemen. Se han convertido en un actor estratégico capaz de influir sobre la seguridad, la energía y el comercio mundial.

Porque, al final, la gran paradoja de esta guerra es que cuanto más intentaron aislar a Ansar Allah, más visible terminó siendo su influencia en el tablero de Oriente Medio. Arabia Saudita creyó que se enfrentaba a un puñado de hombres con sandalias en las montañas de Yemen, y terminó descubriendo que estaba delante de los fremen de la vida real.

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