Cuentas impagas y falso superávit
La deuda flotante del gobierno, el déficit bajo la alfombra

El saldo positivo en las cuentas fiscales con una “trampita” contable: no computa como gasto lo que no se paga y queda como deuda
El Gobierno viene acumulando pasivos —es decir, gastos que registra contablemente, pero cuya cancelación efectiva posterga— con el objetivo de exhibir un mejor resultado fiscal. Según el último informe sobre Ejecución Presupuestaria del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), esa estrategia le permitió mostrar un superávit primario acumulado de 7,33 billones de pesos durante el primer semestre. Sin embargo, si se contabilizaran los pagos que el Tesoro mantiene pendientes y “barre debajo de la alfombra”, ese excedente se reduciría a apenas 1,73 billones de pesos. Para dimensionar la diferencia, el resultado primario objetivo acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para el período enero-junio era de 6,9 billones.
La deuda flotante son las facturas pendientes de pago que acumula el Estado nacional. No se trata de bonos emitidos en los mercados internacionales ni de préstamos con grandes entidades financieras, sino de los compromisos corrientes del día a día que el sector público ya asumió, pero que todavía no terminó de abonar. La deuda flotante es una de las variables clave para evaluar la consistencia del ajuste fiscal: cuanto más crezcan los pagos postergados, más difícil es sostener que el equilibrio de las cuentas públicas responde a un ordenamiento genuino.
Proveedores acreedores
Algunos proveedores del Estado que aguardan sus pagos correspondientes son, por ejemplo, las empresas constructoras y contratistas de obra pública, los proveedores de salud y asistencia social (vinculados con el PAMI y obras sociales estatales), las prestatarias de servicios públicos (como transporte y energía), las universidades nacionales y los gobiernos provinciales o municipales.
Desde el punto de vista contable y presupuestario, la deuda flotante está constituida por los gastos devengados y no pagados: por la brecha entre ambos. Como el ejercicio fiscal que cada mes publica el Gobierno se computa en base caja —calculado a partir del gasto efectivamente pagado—, para mejorar el resultado se posterga la cancelación de obligaciones ya devengadas.
Como consecuencia, según el análisis del IPyPP, durante el primer semestre se generó una brecha acumulada de 5,6 billones de pesos entre el gasto devengado y el pagado, equivalente al 0,54 por ciento del PBI y al 7,3 por ciento del gasto devengado del período.
Estos datos corresponden a la Administración Pública Nacional (APN), es decir que excluye a las empresas del Estado, los fondos fiduciarios públicos y los entes reguladores u otras entidades autárquicas (como ARCA o el Banco Central), que junto con la APN forman el Sector Público Nacional.
El resultado primario acumulado en los primeros seis meses de 2026 alcanzó los 7,33 billones de pesos, según puede leerse en el informe. De allí que, al descontar los 5,6 billones acumulados en deuda flotante, se obtiene un saldo mucho más flaco, de apenas 1,73 billones, que no alcanza a cumplir con la meta nominal del superávit primario acordada con el FMI de 6,9 billones de pesos para el semestre.
Patear hacia adelante
La deuda flotante funciona como un alivio financiero transitorio: al demorar los pagos a proveedores y contratistas, el Gobierno utiliza esta postergación como una válvula de escape para ordenar temporalmente su caja. Este “patear los pagos hacia adelante” permite mostrar un mejor resultado fiscal momentáneo, a pesar de que los pasivos sigan acumulándose.
Tanto los analistas privados como organismos internacionales siguen de cerca la evolución de este stock para evaluar si el superávit fiscal se apoya en un ordenamiento genuino o en un diferimiento excesivo de pagos. Incluso el programa acordado con el FMI establece una cota para la deuda flotante de 9,148 billones de pesos, equivalente al 0,8 por ciento del PBI.
No obstante, advierten desde el IPyPP, esta referencia debe considerarse indicativa, dado que la metodología del FMI para medir la deuda flotante no coincide simplemente con la diferencia acumulada entre el gasto devengado y el pagado.
Esta discusión excede una cuestión meramente contable. Si una parte significativa del superávit se explica por gastos ya comprometidos que permanecen impagos, el ajuste fiscal aparece menos sólido de lo que muestran las estadísticas oficiales.
Por Mara Pedrazzoli-PAG 12



