Economía

El burro salta al menú donde comer asado ya es un lujo

Precios en alza sostenida impactan fuerte en la mesa familiar, con ventas en retroceso y cambios inéditos en hábitos alimentarios frente a una crisis que no da tregua.

El precio de la carne volvió a marcar el pulso de la inflación en abril y consolida un escenario que golpea de lleno el consumo en la Argentina. En la segunda semana del mes, los valores de los alimentos subieron 0,5% y el principal motor fue, otra vez, el rubro cárnico, con un salto del 1,5% en apenas siete días, según un relevamiento de la consultora LCG.

El dato no aparece aislado: forma parte de una tendencia que se arrastra desde comienzos de año y que, lejos de moderarse, suma presión sobre los bolsillos en un contexto de ingresos rezagados. En paralelo, el consumo interno se desploma y ya se ubica en niveles mínimos de las últimas dos décadas.

La carne empuja la inflación y recalienta los precios

El incremento semanal en alimentos marca una aceleración respecto de la primera semana de abril, cuando se había registrado una leve baja promedio. Ahora, la dinámica se revirtió con subas concentradas en productos básicos.

Detrás de la carne (1,5%), también se registraron aumentos en condimentos (1,2%), lácteos y huevos (0,6%) y panificados (0,2%). Aunque algunos rubros mostraron retrocesos —como frutas (-1,9%) o azúcar (-1,2%)—, el impacto en la canasta general sigue siendo significativo.

Informe de la consultora LCG
Informe de la consultora LCG

La explicación es directa: la carne tiene un peso determinante en el consumo cotidiano y en la medición del índice de precios. Cada ajuste en el mostrador se traslada casi de forma inmediata al costo de vida.

Otros relevamientos, como el de Eco Go, coinciden en el diagnóstico. Si bien estimaron una suba semanal algo menor (0,3%), advirtieron sobre una dinámica heterogénea con incrementos puntuales que sostienen la presión inflacionaria. En las últimas cuatro semanas, los alimentos acumulan un alza de hasta 1,7% y proyectan cerrar abril en torno al 1,8%, mientras que la inflación general rondaría el 2,3%.

Menos consumo y niveles históricos a la baja

El impacto de los precios ya se refleja con claridad en las mesas. Según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (Ciccra), el consumo de carne vacuna cayó un 10% en el primer trimestre de 2026 en comparación con el mismo período del año pasado.

En términos per cápita, el promedio anual descendió a 47,3 kilos por habitante, el nivel más bajo en más de 20 años. La caída no es menor si se tiene en cuenta que dos décadas atrás el consumo superaba los 60 kilos.

La producción tampoco logra compensar el escenario. Entre enero y marzo se produjeron 700.185 toneladas, un 5,1% menos interanual, afectadas por una menor faena. A esto se suma una presión adicional: el crecimiento de las exportaciones, que aumentaron 11,4% en el primer trimestre y reducen la oferta disponible en el mercado interno.

El resultado es un combo complejo: menos carne disponible, más demanda externa y precios que escalan por encima del promedio inflacionario. En marzo, por ejemplo, el rubro carnes subió 6,9%, casi el doble del índice general (3,4%), con un alza interanual del 55,1%.

Dejar la vaca: pollo, cerdo y hasta carne de burro

Con precios que en algunos casos superan los $25.000 por kilo, el cambio de hábitos se volvió inevitable. Primero fue la reducción en cantidad, después el reemplazo por opciones más económicas como el pollo o el cerdo —cuyos precios también subieron— y finalmente el auge de los huevos como proteína accesible.

Pero el fenómeno no se detuvo ahí. En las últimas semanas comenzó a ganar visibilidad una alternativa inédita en el país: la comercialización de carne de burro.

La iniciativa surgió de un productor patagónico, Julio Cittadini, quien lanzó el emprendimiento “Burros Patagones”. Según explicó, el stock inicial se agotó en menos de dos días. El producto se vende a unos $7.500 el kilo y cuenta con autorización oficial y controles sanitarios.

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Desde el sector comercial, la situación refleja la gravedad del momento. Gonzalo Moreira, carnicero de la Ciudad de Buenos Aires, describió el escenario: “Venimos con una recesión importante. No conozco comerciante que no atraviese una dificultad. Todo se paga con tarjeta, se patea para adelante”.

El consumo de carne bajó un 20%. La gente se pasó al cerdo o al pollo. Y ahora aparece esto… si es para afrontar la necesidad diaria, hay gente que puede al menos acceder”, sostuvo.

Y agregó: “No estoy de acuerdo. Pienso que no quiero comer un burro. Estamos acostumbrados a comer vaca. Pero bueno, a nadie le gusta comer conejo y sin embargo se come de toda la vida”.

FUENTE.  GLP

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