Opinión

“La guerra injusta que todos entienden… pero silencian”

Por  Margarita  Pécora  B.  –

Hay un proverbio persa que advierte: “Quien hiere al león en su guarida, no debe esperar salir ileso.” Esa sentencia se ajusta como un guante a la furia vengadora que hoy sacude a Irán tras el asesinato del Ayatolá Jamenei, un golpe que Washington y Tel Aviv quisieron presentar como victoria, pero que el pueblo persa convirtió en martirio y bandera roja de resistencia. Multitudes en Teherán y otras ciudades claman justicia, mientras los misiles y drones iraníes burlan defensas y hacen sonar sirenas en Tel Aviv. La sangre derramada de niños,  de civiles,  y de militares— multiplica el dolor y alimenta una contraofensiva que promete ser devastadora y sin plazos.

Hoy se sabe que el inquilino de la Casa Blanca, se frotó las manos al  enterarse  el lugar y  la hora donde  se reuniría   el Ayatola Jamenei,   y sediento de sangre, decidió incendiar al Medio Oriente con   la acción letal que  le viene como anillo al dedo   para blindarse y engrosar  la cortina de  humo  que  intenta mantener  con el fin  de tapar  la gravísima causa  de pedofilia  de los archivos Epstein donde figura mencionado en innumerables   ocasiones  y testimoniado por víctimas.

Trump, con su arrogancia de “no aburrirse” en plena ofensiva, banaliza la guerra como espectáculo, pero su retórica frívola no oculta las grietas: violó la Constitución al actuar sin aval del Congreso estadounidense, ignoró el derecho internacional y traicionó la diplomacia justo cuando había un borrador de acuerdo en Ginebra.   Rusia y China lo califican de agresión planificada, la prensa lo señala como error imperial, y Europa se divide entre tibias condenas y silencios cómplices. Mientras tanto, el estrecho de Ormuz cerrado y en poder de Irán,  se convierte en arma estratégica capaz de estrangular la energía del mundo.

Las consecuencias ya golpean a todos: petróleo disparado, gas encarecido, aeropuertos colapsados y miles de pasajeros varados. Irán lanza su operación “Verdadera promesa 4”, atacando bases estadounidenses y objetivos en Tel Aviv, mientras la bandera roja,  ondea  en el país  persa,  como símbolo de duelo y venganza.

La guerra contra Irán es injusta, pero el mundo calla. Calla por conveniencia,  calla por miedo,  calla por complicidad. Ese silencio legitima la violencia y tiembla, porque cuando la respuesta llegue, no será solo contra los agresores directos, sino también contra quienes prefirieron mirar hacia otro lado.

Los analistas de la geopolítica coinciden en que esta guerra no tiene como verdadero trasfondo ni el uranio, ni la supuesta bomba atómica que Irán estaría a punto de conseguir, ni mucho menos la defensa de los derechos humanos del pueblo iraní. El núcleo de la disputa es otro: la hegemonía que Washington busca apuntalar en Oriente Medio, haciendo de Israel un bastión militar y político que garantice su dominio regional. Esa es la razón oculta que se disfraza con discursos de seguridad y democracia, pero que en realidad responde a la vieja lógica de imponer poder y controlar rutas estratégicas, recursos energéticos y equilibrios de fuerza en una zona que arde desde hace décadas. Y lo peor   es que  el mundo lo sabe,  y calla…

 

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