Para nadie es un secreto que la división de la CGT empezó a dar señales de alarma desde que Moyano hizo público su interés de presentarse como candidato para un nuevo período al frente de la central obrera. A partir de ahí se notó un distanciamiento recíproco entre Moyano y el gobierno nacional. De buenas a primeras el camionero pegó un vuelco brusco a su postura, y de ser el férreo defensor del gobierno y de Cristina Kirchner, se convirtió en un crítico a rajatablas, al límite de realizar una manifestación en su contra en la emblemática Plaza de Mayo , que para algunos analistas “no fue de toda la Central Obrera, sino solamente de “camioneros”.
Algunas fuentes ya dan por seguro que Caló quedaría electo como la máxima autoridad de la CGT; otros creen que será Moyano. Por otra parte están la CGT Azul y Blanca del gastronómico Luis Barrionuevo, además de la división que sufrió la Central de Trabajadores de Argentina (CTA) de Yasky por un lado y Micheli por otro: En total, : cinco centrales sindicales para disputarse la representatividad del movimiento obrero.
Y esto ocurre a pocos días de que el titular de la cartera laboral Tomada resolviera avalar la impugnación de las elecciones en la CGT del próximo 12 de julio, por entender que la reunión de convocatoria de Hugo Moyano "no tuvo quórum" y exhortó a los sectores enfrentados de la central a resolver entre ellos el conflicto.
El asunto ha desatado fuertes cruces entre Moyano y Tomada. El camionero y sus seguidores, acusaron al Jefe de la cartera laboral y al Gobierno de querer dividir a la central sindical. Moyano calificó la impugnación del Congreso como "un mamarracho político".
En respuesta a tales expresiones, Tomada manifestó:"Decir eso implica desconocer el trabajo realizado por este Gobierno y la posición histórica que tuvo de promover la unidad del movimiento obrero", sostuvo en ministro, y afirmó que la CGT "sufre una crisis de conducción, y debe resolverla".
Mientras las críticas van y vienen, las internas avanzan en busca de nuevos líderes. Precisamente el de los metalúrgicos-Antonio Caló- habría afirmado recientemente que no le “marearía ser secretario general de la CGT”, confiado en que obtendría respaldo del Gobierno por su lealtad al modelo a Néstor Kirchner, y por el acompañamiento que tiene de unos 250 mil afiliados a la UOM.
Sin embargo, ya adelantó que "cualquier CGT debe mantener su independencia con cualquier gobierno", para poder encauzar los reclamos de los trabajadores y reseñó que depende de la inteligencia de cada dirigente la obtención de sus conquistas.
"Unos lo consiguen peleando, haciendo paros, cortando rutas y otros lo logran dialogando; el asunto es ver el final del partido", agregó Caló. Al parecer será la Justicia quien tendrá la última palabra en esta puja sindical que divide al movimiento obrero y puede complicar el diàlogo en un momento de crisis en el que es importante estar juntos para disicutir salarios, empleo, producción.